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Por Alejandro Barañano

Vale la pena recordar que casi para finalizar el año pasado, se ofreció un disque “Convivio de la Unidad” en un salón para fiestas por el rumbo de Chametla, evento que dejó en claro que más que ser un convite entre “amigos” –como lo quiso manejar socarronamente Víctor Manuel Castro Cosío- fue para mostrar su intención de querer ir en pos de la gubernatura en el 2021.

Para muchos quedaba en claro que con la anticipada maniobra salían a flote las truculentas negociaciones que se habían tejido bajo la mesa entre el tristemente célebre Narciso Agúndez Montaño y el todavía coordinador de Programas Federales, Víctor Manuel Castro Cosío.

Ellos lo negaron una y otra vez, pero sus esbirros simplemente se dieron gusto pregonando que se había tratado de una “reunión navideña”, cosa que a la postre no fue así, pues hace un par de días se confirmó que ambos –me refiero a El Chicho y a El Puchas, como les dicen sus cuates y uno que otro llevado- tuvieron un encuentro en la Ciudad de México con el dirigente nacional del Partido del Trabajo, Alberto Anaya Gutiérrez, esto para presumir a través de una fotografía que Castro Cosío es considerado el gallo mayor para el proceso electoral de junio del 2021.

Sin embargo queda claro, que por la forma cómo se desarrollan los acontecimientos, y sobre todo por el entorno personal que sostiene el “superdelegado”, está brutalmente desfasado al grado tal que no está calentando un espacio verdadero y mucho menos el que aún ocupa, pues demostrado está que le ha quedado demasiado grande y pruebas hay de ello.

Y lo digo porque el estilo burdo y hosco del maestro jubilado es inconfundible, pues se sabe que le gusta armar “guerritas” poniendo a sus disque hombres de confianza al frente de la lucha, mientras que “El Puchas” simplemente porta sobre su abultado pecho ostentosos galardones de supuestos combates que dice haber ganado. O sea, berraqueras que le da por presumir.

Su supuesta estrategia –sí es que en verdad la tiene- no solo está mal planeada sino que incluso está mal dirigida, pues desde hace mucho tiempo ha abierto frentes irreconciliables con unos y con los otros, ello en vez de construir bajo unidad y armonía.

Quienes conocemos a Víctor Manuel Castro Cosío sabemos que es sumamente proclive a alentar divisiones y a poner zancadillas incluso entre sus mismos correligionarios, mostrando con ello que no sabe “tejer finito” y que no posee tampoco la sensibilidad ni el olfato que exige la política.

Por ello y como podemos darnos cuenta, ha estado manteniendo alianzas de dulce, chile y manteca; o sea tanto con panistas, priístas, perredistas, verde ecologistas y otros más, pero a la fecha no ha logrado ninguna definición clara de política ni ideológica propia, sino más bien meros pragmatismos obsoletos producto de su descarnada lucha por el poder.

Por eso el proceder de “El Puchas” no sorprende a nadie, pues demostrado ha quedado que no aprende -o no quiere aprender- del noble oficio de la política, pues su notoria terquedad de conducirse tal y como lo ha venido haciendo desde hace más de dos décadas ya no funciona ni impresiona a nadie, salvo a uno que otro de sus contados seguidores conque goza en la actualidad.

En síntesis, podrá tomarse muchas fotografías incluso con la tía de las muchachas, pero urge que a Víctor Manuel Castro Cosío lo ayuden a conducirse y que este decida abrir los ojos a su triste realidad, en otras palabras que lo orienten para que sume y multiplique y no para que reste y divida.

Quizá lo que ocupa el ex maestro de secundaria que cobra pensión de jubilado mes con mes es que alguno de sus sumisos vasallos le actualice su incongruente y obtuso discurso, y sobre todo que lo apoyen de una vez por todas a que sea y no que solo finja ser político; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .