
POR ARIEL VILCHIS
En política, pocas frases son tan incómodas como aquellas que obligan a mirar de frente la manera en que se construye el poder.
Esta semana que concluye Milena Quiroga Romero puso una sobre la mesa: “Una candidatura no es una herencia ni un derecho de familia”.
Y quizá ahí esté una de las claves de la contienda que comienza a tomar forma en Morena rumbo a la definición de su coordinación estatal de la Cuarta Transformación en Baja California Sur.
Porque detrás de la disputa por la Coordinación podemos encontrar algo más profundo que la nominación y es la discusión sobre quién tiene derecho a representar a un movimiento y, sobre todo, quién tiene la legitimidad para hacerlo.
De tal manera que Milena Quiroga decidió no esconderse detrás de frases ambiguas, su planteamiento es directo: que se investigue a todos, que haya transparencia y que sea el pueblo quien decida.
Su mensaje tiene fuerza. Primero, porque coloca a todos los aspirantes bajo el mismo criterio. No pide excepciones ni privilegios.
Segundo, porque convierte el escrutinio en una virtud y no en una amenaza.
Y tercero, porque reivindica una de las principales banderas con las que Morena llegó al poder, que los cargos públicos no son propiedad de grupos políticos.
El planteamiento de Milena Quiroga tiene una lectura favorable, no está pidiendo que le regalen nada. Está diciendo que quiere competir con sus resultados y que sea la gente quien valore.
Ese es, precisamente, el terreno en el que Milena Quiroga ha decidido dar la batalla.
Ya veremos qué sucede. Es mi opinión, al tiempo…