
POR ARIEL VILCHIS
La plaza comenzó a hablar antes de que Christian Agúndez llegara.
Primero fueron los grupos pequeños; una bandera aquí, una camiseta allá. Después llegaron las voces, los saludos, los abrazos, las fotografías. Familias enteras, militantes, simpatizantes y dirigentes fueron ocupando poco a poco la Plaza León Cota Collins en CSL hasta convertir la tarde del 5 de septiembre en algo más que una reunión partidista.
Y había ahí algo más difícil de medir, esa electricidad que aparece cuando una multitud cree estar asistiendo al comienzo de algo.
Las conversaciones se mezclaban con las consignas y los rostros conocidos de la política cabeña comenzaron a aparecer entre la gente. Narciso Agúndez, Luis Armando Díaz, Mercedes Maciel, Isis de la Luz Rivas, Karina Olivas, Karina de la O, Carlos Castro, Omar Torres, Guillermina Botello, José Manuel Larumbe, Armando Reyes, Janeth Guerrero Maya y Verónica Olvera, entre otros representantes y militantes del Partido del Trabajo, llegaron para acompañar el acto.
Muchos de los presentes conocían las campañas, las plazas, los mítines, los discursos que se escuchan a través de bocinas y las promesas que después deben sobrevivir a la realidad; Pero el sábado por la tarde había una diferencia. El nombre que recorría la plaza era uno solo: Christian.
La Asamblea Informativa por la Defensa de Nuestra Soberanía Nacional fue convocada bajo una premisa que terminaría convirtiéndose en el hilo conductor de la tarde: unidad.
La Unidad de las izquierdas. Unidad entre quienes han construido el proyecto político de la transformación en Baja California Sur.
Unidad, también, frente a lo que viene.
Carlos Castro Ceseña tomó el micrófono y habló de los avances alcanzados en Los Cabos. Enumeró obras, programas y proyectos relacionados con vivienda, educación, salud, agua e infraestructura. Los Cabos, según sostuvo, podía ser presentado como una muestra de lo que la izquierda podía hacer cuando gobernaba.
Y entonces pronunció una frase que encontró respuesta entre los asistentes:
“Es tiempo de Christian y de Baja California Sur”.
La presencia de Narciso Agúndez tuvo un peso particular. El exgobernador conoce bien lo que significa estar en el centro de una disputa política. Su presencia junto a Christian no pasó inadvertida.
Cuando tomó la palabra el mensaje fue directo, no tenía duda de que Christian Agúndez llegaría a gobernar Baja California Sur. La frase cayó sobre una plaza que ya estaba preparada para escucharla.
Después vendría Luis Armando Díaz. Habló de orgullo, pero también de responsabilidad. Del compromiso de mantener unidas a las fuerzas de izquierda y de trabajar junto con Morena, el Partido Verde y la ciudadanía. No se trataba solamente —dijo— de una candidatura. Se trataba de un proyecto.
Entonces llegó el momento esperado. Christian Agúndez apareció frente a la multitud y la plaza cambió de ritmo.
Los aplausos subieron de intensidad. Las voces comenzaron a cruzarse. Alguien inició una consigna y otros se sumaron.
“¡Es un honor estar con Christian hoy!”
La frase avanzó entre la gente como una ola.
Su discurso fue, más que una enumeración de promesas, un recuento del camino recorrido. Habló de sus giras por los cinco municipios, de las comunidades visitadas, de pescadores, ganaderos, agricultores, jóvenes, trabajadores y familias con las que, dijo, ha conversado durante los últimos meses.
Habló de las necesidades de una entidad que puede presumir desarrollo y crecimiento, pero que también conoce las desigualdades que ese crecimiento deja detrás. La política, por unos momentos, dejó de ser una disputa de nombres.
Se convirtió en una conversación sobre el territorio.
Dijo que las encuestas lo colocan en primer lugar. Y entonces convirtió ese dato en una promesa frente a quienes habían acudido a escucharlo. “No les voy a fallar”.
Pero la frase que verdaderamente levantó a la multitud llegó después.
“Baja California Sur no se somete, no se le impone y tampoco se detiene”.
No fue una frase pronunciada al pasar.
Fue una declaración política. Una advertencia hacia quienes pretenden disputar el liderazgo.
Y también una manera de decir que el proyecto no piensa replegarse.
Christian Agúndez habló de madurez política; recordó que, cuando Baja California Sur enfrenta momentos difíciles —como ocurrió con la emergencia registrada en Comondú— las diferencias deben quedar atrás.
El adversario, insinuó el discurso, no puede ser el compañero de movimiento, porque después de la contienda queda el gobierno.
Y después del gobierno queda la gente.
Desde abajo, la escena tenía otra lectura. No había cifras en los rostros, había entusiasmo, habían personas que escuchaban atentamente, otras que levantaban sus teléfonos, quienes coreaban las consignas y quienes buscaban acercarse para una fotografía.
La plaza estaba llena de símbolos, banderas, colores, camisas, manos levantadas. Pero, sobre todo, nombres. Y el nombre de Christian Agúndez fue el que más se repitió la tarde del sábado pasado
Agúndez Gómez aseguró que seguirá recorriendo Baja California Sur y que continuará trabajando para consolidar su proyecto.
No hay todavía una batalla definitiva.
No hay todavía una candidatura consumada.
No hay todavía una elección.
Lo que existe es una disputa que comienza a tomar forma.
Y el 5 de septiembre, en Cabo San Lucas, Christian Agúndez quiso demostrar que tiene algo fundamental para cualquier aspirante: una plaza dispuesta a escucharlo y una estructura política dispuesta a caminar con él.
La noche caía sobre CSL y las voces fueron apagándose poco a poco. La plaza recuperó su ritmo cotidiano. Las banderas comenzaron a desaparecer, los grupos se dispersaron y los vehículos abandonaron los alrededores. La asamblea había concluido.
Ya veremos qué sucede. Es mi opinión, al tiempo…