
Por Laura Mendoza
El evento estaba pactado a las 5:30 de la tarde pero a esa hora las calles alrededor del Arturo C. Nahl aún estaban repleto de automovilistas que buscaban un espacio de estacionamiento para cumplir con la cita.
Los simpatizantes de Milena Quiroga caminaban desde tres o cuatro cuadras para llegar al estadio, cargando pancartas, banderines y carteles, todo lo necesario para mostrar su apoyo; hombres, mujeres e incluso niños acudían al encuentro.
Porque eso fue, más que un informe de avances, un encuentro ciudadano con quien hasta esta mañana se desempeñaba como la presidenta municipal de La Paz. Una rendición de cuentas que nadie pidió pero que Milena Quiroga se vio con la responsabilidad de ofrecer debido a sus próximas aspiraciones al frente del pueblo sudcaliforniano. Porque ella no es de las que solo se despiden, sino de las que cumplen el deber moral de responderle a la ciudadanía, y eso hizo.
Entrar al C. Nahl era como entrar a una gran fiesta: música, banderines, miles de personas bailando, cantando y vitoreando consignas, preparando el ambiente para el momento en que la protagonista del evento apareciera.
Y de pronto, alrededor de las seis y media de la tarde, lo hizo. Un video proyectado en las pantallas acerca de la riqueza de nuestro estado le dio la bienvenida a la aún alcaldesa como un recordatorio de todo aquello por lo que ha estado trabajando.
Y en lugar de subir al escenario por uno de los accesos laterales preparados para ello, por donde accedieron los medios de comunicación y algunos personajes de la política que acudieron para brindar su apoyo y respaldo, Milena Quiroga decidió caminar entre la gente, por los angostos pasillos que quedaban entre las sillas dispuestas para que se sentara el público y que temporalmente fueron dejadas de lado, pues todos se pusieron de pie no solo para recibirla, sino para alcanzar el saludo, el abrazo e incluso la fotografía del recuerdo.
Mas de treinta minutos tardó en llegar hasta el escenario, pues así como saludó a políticos y dirigentes de movimientos, igual saludó a sus colaboradores, a líderes de colonia, a personas que llegaron de los municipios vecinos de Los Cabos y Comondú, a militantes de a pie y a niños, quienes se mostraron felices de brindar un abrazo sincero, ese que sólo los niños saben dar.
Inició su discurso con fuerza, hablándole no sólo a los paceños sino a todo el pueblo sudcaliforniano. Destacó los pilares de su administración como lo son el agua, la seguridad, el impulso al deporte, sin olvidar la defensa de nuestras riquezas naturales como la Sierra de la Laguna. Evocó el movimiento de su partido morena, desde los principios establecidos por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, pero también agradeciendo el apoyo y respaldo de la actual presidenta Claudia Sheinbaum y del Gobernador del Estado Víctor Castro Cosío.
En la tribuna, además del pueblo que eran el invitado principal, destacaban personajes de la política sudcaliforniana como los alcaldes de Loreto y Comondú, Paz Ochoa y Roberto Pantoja, diputados locales, Regidores, el Secretario General Jehú Vázquez, Directores de las diferentes áreas del ayuntamiento, líderes nacionales como el de la CROC, Isaías González Cuevas, amigos y familiares de Milena Quiroga. Pero ahí, en primera fila, se encontraba quizá la invitada más importante para acompañarla en ese momento de su vida: Emilia, su hija, quien la observaba como quien ve no solo a su madre, sino a su heroína. Esa persona con la que Quiroga Romero tiene el compromiso más grande y a quien, como al pueblo sudcaliforniano, nunca le va a fallar.
Decir que hubo un estadio abarrotado me parece escueto para describir lo que se apreció ese viernes. Porque llenar un espacio es algo que cualquier evento deportivo o musical puede lograr, mas bien diría que lo que se vió fue un estadio vivo, uno que bailó, que gritó y que vibró con cada palabra de Milena Quiroga, y que en cada grito se sintió el respaldo al movimiento que encabeza.
Poco menos de media hora duró el discurso, un encuentro que duró menos de dos horas pero que que perdurará en la mente y el corazón de quienes acompañaron a Milena Quiroga aquella tarde.