
POR ARIEL VILCHIS
En política, pocas cosas son tan volátiles como la percepción ciudadana. Basta un gesto, una foto o un video para que la narrativa pública se incline hacia la simpatía o el rechazo.
La alcaldesa de La Paz, Milena Quiroga, ha sido objeto de críticas por su exposición personal en redes sociales. Una periodista sostiene que esa visibilidad genera rechazo ciudadano. Sin embargo, el argumento parece más un juicio apurado que un análisis con sustento.
Se afirma que existe un rechazo auténtico hacia la alcaldesa por mostrar su vida personal en plataformas digitales, pero no se aportan datos verificables ni encuestas que lo respalden, es decir, puro ruido. La política, sin embargo, requiere más rigor que la lectura de comentarios en Facebook.
Otro punto cuestionable es la idea de que compartir actividades personales equivale a insensibilidad política, ¿De verdad una foto en una competencia deportiva afecta la administración municipal? La crítica parece olvidar que los políticos también son personas, con rutinas, pasiones y hobbies, y que mostrar esa faceta puede ser, en realidad, una estrategia de cercanía.
El texto plantea que la desigualdad convierte la exposición personal en un problema político, pero no se establece un vínculo claro entre la comunicación digital y los resultados de gobierno. Viajar o pagar inscripciones deportivas no es necesariamente ostentación; es una práctica común entre ciudadanos que, como cualquiera, buscan espacios de recreación. Convertirlo en símbolo de privilegio es una simplificación que poco ayuda a entender la política local.
Se acusa a Quiroga Romero de incongruencia con el discurso de austeridad de Morena, pero la narrativa de “justa medianía” se refiere principalmente al uso de recursos públicos, no a la vida privada. No hay evidencia de que la alcaldesa esté financiando sus actividades personales con dinero municipal. La crítica, en este punto, parece más moralista que política.
La gestión de una autoridad debe evaluarse por resultados: acceso al agua, seguridad, salud, infraestructura. Reducir la discusión a la manera en que se comunica en redes sociales desvía la atención de lo esencial. La política se mide por eficacia y congruencia institucional, no por el estilo de vida de quien gobierna.
La polémica en torno a Milena Quiroga refleja más las percepciones subjetivas que hechos comprobables. Es claro que en estos tiempos la política se juega también en el terreno digital, pero conviene distinguir entre la vida privada y la función pública. Al final, lo que debería importar es si la alcaldesa cumple con su responsabilidad de mejorar la vida de los paceños, todo lo demás es ruido.
Ya veremos qué sucede, es mi opinión. Al tiempo…