POR ARIEL VILCHIS

La lucha por los derechos laborales, la defensa de los trabajadores y una constante mejora en las prestaciones es parte de la misión que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación tiene para con sus agremiados. Esa lucha es entendible, comprensible y hasta merecedora de empatía y solidaridad.

Sin embargo, cuando algunos movimientos pretenden acaparar las banderas legítimas de la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo de los maestros y maestras, para beneficio propio o de grupos políticos, tales movimientos pierden credibilidad.

El Movimiento Sindical Cabeño que recientemente realizó un paro de labores y amenaza con continuar paralizando el trabajo en diversos centros de estudio de la entidad, si bien busca conseguir  bases sindicales a trabajadores de la educación denominados hasta el momento como COMPENSADOS, se ha equivocado de ventanilla pues ha mal enfocado sus esfuerzos en atacar al gobierno del estado cuando la responsabilidad de otorgar plazas es de la federación.

Dos situaciones se pueden advertir dentro las manifestaciones que ha llevado a cabo el  Movimiento Sindical Cabeño que encabeza Luis Miguel Ramírez Rivera.

Por una parte miente y trata de utilizar a los padres de familia a quienes ha pedido comprensión, sin embargo los padres y madres de familia no están de acuerdo en que sus hijos se queden sin clases, situación que tiene molesta a la sociedad de la entidad. Es totalmente falso que dichas acciones cuenten con el respaldo de los padres y madres de familia quienes quieren clases para sus hijos y que los maestros se pongan a trabajar.

Por otro lado, lo que pudiera ser un movimiento legítimo queda totalmente desacreditado y sin credibilidad al relacionar  directamente a los cabecillas del movimiento cabeño con líderes del Partido Acción Nacional, en particular con la dirigente estatal Guadalupe SAL-DAÑA, quien es señalada de incitar las protestas magisteriales para que ataquen al gobierno del estado como un método para desequilibrar la administración estatal, situación que hasta ahora no ha logrado y que difícilmente podrá darse bajo el insipiente liderazgo de la dirigente albiazul.

La lucha magisterial legítima continuará sin duda. La defensa de los derechos de los trabajadores de la educación es una constante entre el diálogo y el acuerdo. Lo que no debe permitir la sociedad es que movimientos que surgen detrás de bambalinas con fines políticos detengan y frenen la educación de los niños y niñas de Baja California Sur. El Movimiento Sindical Cabeño y sus líderes no tienen credibilidad si detrás de ellos se encuentra un partido político.

Es mi opinión, al tiempo…