• El Síndrome de la cara vacía sería una de las consecuencias de la finalización del uso de cubrebocas en espacios públicos abiertos y, eventualmente, en sitios cerrados

Tras casi dos años de uso continuo de cubrebocas en espacios abiertos y cerrados se levantó la recomendación de uso de cubrebocas en exteriores, sin embargo, esta medida podría provocar en algunas personas el “síndrome de la cara vacía”. 

De acuerdo con varios expertos, en grupos de personas como los adolescentes, el cubrebocas aportó cierta seguridad, por lo que dejar de usarlo podría provocarles ansiedad. 

Este síndrome amenaza con aparecer en aquellas personas a las que mantener la mitad de cara cubierta suponía una manera segura de relacionarse. 

Dos diferentes vertientes, el miedo a contagiarse o el miedo a dar a conocer su rostro sin más, podrían disparar en algunas personas este mal. 

¿Qué es el síndrome de la cara vacía? 

Se trata de una fobia que se caracteriza por la sensación de inseguridad que se genera al dejar descubierta la cara, específicamente en este caso, por la retirada de cubrebocas en espacios públicos y eventualmente, en sitios cerrados. 

El síndrome, que también es conocido como mask fishing, afecta mayoritariamente a los adolescentes, pues se encuentran en una etapa de cambios donde en ocasiones mantenerse ocultos les da seguridad. 

Con las mascarillas, los adolescentes ocultan aspectos de su físico que no les agradan como acné, vello facial incipiente, el uso de frenos correctivos en los dientes, entre otros aspectos. 

También algunos adultos podrían sufrir el síndrome de la cara vacía tras el retiro de mascarillas, después de haber vencido la timidez y adquirir seguridad al hablar con otros al usar cubrebocas. 

Para superar este problema, los expertos recomiendan hacer una lista de situaciones incómodas para la persona, que vaya de menor a mayor, y a partir de esta lista, enfrentar las dificultades de una en una. 

También mencionan que es bueno pensar que la mascarilla es un obstáculo, pues es un elemento que separa a las personas, pues ver el rostro de los demás nos ayuda a medir sus reacciones y a regular las emociones.