POR ARIEL VILCHIS

Para un gobierno, el primer síntoma de decadencia es el alejamiento de la gente; es el dejar de lado las necesidades del pueblo para perderse en las mieles del abuso del poder reflejado en el manejo poco práctico -pero muy lucrativo para quien lo ejerce- del presupuesto público aplicado a obras de relumbrón, remodelaciones infructuosas o gastos innecesarios.

Ejemplo de lo anterior es lo ocurrido en la pasada administración estatal que al correr de los días se va esclareciendo el velo que cubría a un gobierno que pretendió caracterizarse por ostentar disciplina administrativa y financiera.

Sin embargo, las acciones siempre dicen mucho más que los discursos y ahora se sabe que, si bien es cierto que el malecón de la capital del estado necesita estar en condiciones de recibir al turismo nacional y extranjero así como disfrute de los paceños, el costo total de su remodelación fue de 261 millones de pesos -obra aplicada por la Administración Portuaria Integral-. A simple vista parece una cantidad excesiva, sobre todo si se revisa por partes: un tramo de seis cuadras del malecón tuvo un costo de 52 millones y un parque para perros la nada despreciable cantidad de 15 millones.

Perderse en el glamour de los excesos también es un abuso de poder, como el exceso en la remodelación de la casa de gobierno de El Caimancito. Alejada del pueblo pero muy cerca del poder, la que fuera la casa oficial del gobernador en turno fue convertida prácticamente en un hotel de lujo con una inversión aproximada de 300 millones de pesos. Para el pueblo nada.

Por si fuera poco y para burla de los cabeños, quienes viven en el destino turístico de clase mundial pero con necesidades básicas sin resolver, el gobierno anterior era propietario y mantenía una lujosa casa como oficinas de gobierno en San José del Cabo. Una propiedad con lujos innecesarios, propios para recibir a empresarios y hacer negocios, pero no para atender a los ciudadanos.   

Puro glamour y el pueblo que siga esperando mejores tiempos.

Lamentablemente estos abusos de poder se hicieron amparados en contratos aparentemente legales, llevados hasta el límite de lo moralmente correcto y solo resta esperar que la actual administración estatal haga una verdadera justicia social y le devuelva al pueblo un poco de lo mucho que le han negado en el pasado. Con la intención de vender la lujosa casa de San José del Cabo (rifa) o rentar como hotel la Casa de El Caimancito, podrían verse cristalizados proyectos de infraestructura como la conclusión de la calle Tamaral en CSL o verdaderos apoyos a la cultura, el deporte, la salud y educación que tanta falta hacen en nuestro estado.

Ya veremos qué sucede, es mi opinión, al tiempo…

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