Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención de la salud, y Andrés López Obrador, presidente de México, durante la conferencia matutina.

POR ARIEL VILCHIS

La contingencia de salud derivada del COVID-19 (o coronavirus como se le conoce coloquialmente) más allá de la crisis de salud pública, amenaza con dejar consecuencias económicas a nivel mundial y México no será la excepción.

Con una economía nacional que depende en sus ingresos del petróleo y la inminente caída en los precios internacionales no se augura nada bueno. Por otra parte, con  la decisión del gobierno federal de desestimar desde el inicio del mandato del presidente López  al sector empresarial y enfocar en su mayoría el gasto público en programas sociales, el golpe a la actividad económica del país  parece inevitable.

Y es que, aunque se pudiera pensar que los miles de millones de pesos que el gobierno federal ha invertido en los programas de bienestar pudieran servir de colchón ante la desaceleración económica que provocará la “Distancia Social nada está más alejado de la realidad ya que estos programas no han funcionado de manera correcta desde su implementación con un censo que a todas luces fracasó.

Entonces, si los programas sociales no han funcionado al grado de que en el gabinete no le tienen confianza a su efectividad y de que varios superdelegados en algunos estados han sido denunciados ante la función pública por malos manejos y falta de operatividad ¿Cómo enfrentar la crisis económica que se avecina?

El gobierno del presidente López no está calculando bien el impacto que tendrá la desaceleración económica, sobre todo en la clase media trabajadora, ni el impacto que tendrá en las Pymes que son motor de las economías locales. Al parecer simplemente no le interesan, como lo dejó claro el martes pasado en reunión con su gabinete en palacio nacional donde pidió no parar los programas de bienestar y anunció el pago adelantado de la pensión para los adultos mayores (cosa que hasta el momento no ha sucedido).

Tal pareciera que en medio de la crisis de salud por el coronavirus -que pudiera agravarse por el desabasto de medicamentos que el gobierno federal provocó con el cambio de políticas  del gasto en el sector salud) solo le interesa mantener su base electoral con el pago de las becas y pensiones sin importar otros aspectos.

Lo anterior se puede visualizar de manera más clara al no encontrar ninguna señal del gobierno federal para incentivar la economía apoyando a las empresas, aquellas que generan empleos, seguridad social y brindan estabilidad a la economía mexicana. Por el contrario, pareciera que estarán en la mira sin ningún incentivo fiscal que los prepare para la crisis económica por venir.

En otras latitudes -en países con gobiernos responsables- se ha dispuesto invertir en obra pública, vivienda y turismo, licencias remuneradas a trabajadores, baja de tasas de interés y prestamos fiscales  para fortalecer los negocios y que los negocios se mantengan a flote y que las empresas no despidan trabajadores.

En tanto eso sucede en el mundo, en México el gobierno de López enfrenta la contingencia de salud por el coronavirus con abrazos, escapularios y estampitas milagrosas. De la economía ni hablar, en un momento  en el  que la toma de decisiones equivocadas pueden derivar en un el impacto económico y de salud  mucho mayor que en otros países.

Si el cálculo político de la crisis es incorrecto, seguramente se verá reflejado en la próxima conformación de la cámara de diputados y las gubernaturas que estarán en juego en el 2021. Ese cálculo político si le interesa a López. Ya veremos qué sucede. Es mi opinión, al tiempo…

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