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Por Alejandro Barañano

Hace unos cuarenta años la llamada izquierda se movía entre la clandestinidad y la ilegalidad, esto porque no contaban con un registro oficial y sus militantes, aunque conocidos, tenían que hacer política bajo la mira de un Estado que no los reconocía e incluso los perseguía.

Según entiendo, fueron tres las corrientes más conocidas en esa época: el Leninismo, el Maoísmo y el Troskismo; pero todas coincidían en algo, en que sus exponentes tenían convicción ideológica, formaban sus cuadros políticos en círculos de estudio sobre su ideología, no como en estos tiempos donde un puñado de arribistas de medio pelo negocian con los que simulaban combatir.

También se podría decir que de aquella izquierda honesta y doctrinaria que proponía un verdadero proyecto alternativo de nación, emancipando a los marginados por la economía capitalista y buscando el socialismo, ya poco queda.

Y es que algunas “caras visibles de la izquierda actual” carecen de humildad y honestidad, y con cinismo presumen sus fortunas, lujos y grandes propiedades, muchas de ellas acumuladas desde la política en indecibles negociaciones con el poder cuando eran excelsos priistas y que les representó subrepticios pagos de toda clase.

Tal parece que la doctrina de la actual izquierda – eufemismo puro – les alcanza para negociar con la derecha e incluso pactar alianzas electoreras, tal y como sucedió con el PRD y el PAN en las pasadas elecciones, las cuales por definición se extinguen en el proceso ya que su pragmatismo es tan burdo que no ocultan el reparto de cuotas en todo tipo de nombramientos consensuados con el gobierno en turno.

Todo esto viene a colación porque llegó a mis manos el escrito que realizó un hombre de la verdadera izquierda, Omar Castro Cota, “El cuaderno del año del Nobel” que fue escrito por José Saramago en 1998, y descubierto por su viuda Pilar del Río, entre los vericuetos caprichosos de la memoria del ordenador y que publicado 20 años después –justo en este año que está por fenecer-  y donde aparece una pregunta hecha entre muchas al escritor por el periódico italiano “Liberazione”, y que le da por título: ¿Qué queda aún de la Izquierda?

José Saramago respondió “la pregunta no debería ser: ¿Qué queda aún de la izquierda?, sino ¿qué hemos abandonado de la izquierda?”

Y es ahí donde el ex secretario de Educación sudcaliforniano explica de manera frontal y sin tapujos que en ese caso, muchos –muchísimos como él asegura- han abandonado lo que llama un “estado de espíritu de izquierdas” para pasarse por ambición, oportunismo o cobardía moral, al otro lado, incluso, cuando fingen no estar de acuerdo.

En el relato recibido por parte de Omar Castro se explica que contra todas las apariencias, la cuestión esencial de nuestro tiempo no es tanto la globalización de la economía, sino la pérdida de un sentido ético de la existencia. Y ojo, esto lo escribió José Saramago hace dos décadas atrás.

Como se puede ver la respuesta que no ha perdido vigencia no trata de provocar escalofríos a aquellos que hoy en la actualidad se asumen como de la izquierda y que con sus actos demuestran todo lo contrario; esos que se pasan de bando -sin rubor alguno –; los que se reivindican como de la izquierda y firman “pactos con el diablo”; los que llegan a un puesto -gracias a la izquierda- y traicionan sus principios; los que dicen representar a la izquierda y se comportan como mercaderes de la política; los que con labia endulzan el oído y con la mano medran del erario público.

En suma, los que disfrazados con la zalea de la izquierda mienten, roban y traicionan al pueblo. Los que ondean las banderas de la izquierda y se resisten a vivir en la medianía gozando de privilegios onerosos.

Ojalá y que aquellos que se encuadran en este escrito descriptivo y que forman parte de la de la llamada izquierda, “la que todavía queda”, lo entiendan y actúen en consecuencia por dignidad y decoro, eso es lo que pide Omar Castro. Así de fácil, así de sencillo; por lo que quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .

DE MÍ PARA USTEDES:

La Navidad es el calor que envuelve el corazón de las personas por la generosidad de compartir con otros la esperanza y seguir adelante. . . Por eso a quienes compartieron risas, a los que lloraron, a los que tienen alguien a su lado, a los que no lo tiene, a los que veo a menudo y a los que echo de menos les deseo: ¡Felices Fiestas!