POR ARIEL VILCHIS

Para que un gobierno actúe de forma eficaz y eficiente se requiere de un equilibrio entre sus integrantes, de la capacidad del trabajo coordinado, para que el ejercicio de gobierno pueda darle solución a las demandas sociales.

De ocurrir lo contrario, se cae en la ingobernabilidad y, por ende, en el incumplimiento de lo más elemental que es el brindar servicios de calidad.

El caso del municipio de La Paz, que encabeza la alcaldesa Milena Quiroga, ya llegó al punto de la rebelión a un paso de la ingobernabilidad, ya sea por falta de pericia política o por sobrada soberbia en el ejercicio de la función pública.

Y para ello el ejemplo de lo ocurrido ayer en la encerrona que tuvieron los integrantes del cabildo paceño con la presencia de directores generales del ayuntamiento. En dicha reunión se ventiló el desaseo político, operativo y administrativo de algunos directores cuyo rendimiento deja mucho que desear y se refleja en inconformidad ciudadana, así como el sentido reclamo por parte del cabildo del actuar prepotente, soberbio y patán de algunos directores, lo cual no se sabe si es una actitud propia de los funcionarios o solo el reflejo de cómo se conduce su jefa política.

La rebelión de los regidores paceños responde al mal camino por el que transita el ayuntamiento de La Paz y es un grito a tiempo antes de que el desastre administrativo y operativo lleve al municipio a un colapso. Los ciudadanos son testigos de los malos servicios públicos y viven el día a día de la carencia de agua potable, entre muchos otros servicios que no está prestando el ayuntamiento de manera correcta.

¿Está a tiempo de cambiar el rumbo que lleva el municipio la alcaldesa Milena Quiroga? ¿Escuchará a su cabildo y trabajará con él para sacar adelante la tarea de gobernar la capital del estado? ¿O ganará la soberbia que en ocasiones cubre como un velo sobre los políticos que pecan de creerse inteligentes y capaces?

Ya veremos qué sucede, es mi opinión al tiempo…

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