Ganar elecciones mintiendo, insultando, espiando y difamando son parte de las estrategias que arman algunos aspirantes con el fin de generar una victoria.

Como piensan algunos que efectivas, se han vuelto moneda de curso para algunos medios medios digitales que detrás de ellos no hay un mínimo de conocimientos del periodismo y terminan convirtiéndose en sicarios de pluma.

Quiero concluir con la idea de que, como dice Macario Schettino, si el enojo es el signo de estos tiempos, para mí la violencia homicida será el signo de la política en las elecciones siguientes.
Algunos piensan que las negativas resaltan y amplifican errores, crean dudas sobre las capacidades del contrincante y, sobre todo, le confrontan con su autenticidad y honestidad, y con las supuestas contradicciones entre lo que piensa, dice y hace. Ahora o en el pasado.
Sin embargo les tengo una mala noticia, hoy con la redes digitales todos tiene un dispositivo para validar la veracidad de la nota y eso hace que a quien golpean suba su popularidad.

Existe un viejo dicho que dice que “la mala publicidad es buena publicidad” (“all publicity is good publicity”) refiriéndose a que es preferible tener mala prensa antes que nadie hable de nosotros. Oscar Wilde decía algo parecido: “la única cosa peor que hablen de nosotros, es que no hablen de nosotros”