POR ARIEL VILCHIS

La política del periodo caudillista en México se caracterizó por los continuos conflictos y hostilidades entre los líderes de las distintas agrupaciones que surgieron en la pos revolución. Los diferentes puntos de vista de los grupos existentes no se resolvían políticamente, sino a través de las armas.

En nuestros tiempos, parece que el nuevo caudillo de la autollamada cuarta transformación en Baja California Sur, Víctor Castro Cosío, no ha aprendido el arte de la política y, al igual que en el pasado, resuelve sus conflictos por la vía de las armas. Solo que ahora esas armas no utilizan balas y pólvora sino cañonazos de intrigas, desacreditaciones y golpes mediáticos. Armamento que si estuviéramos en campaña electoral se entendería pero hasta ahora lo ha utilizado para menguar a sus compañeros de partido.

La carrera en busca de la nominación de la candidatura a gobernador tiene muy inquieto al maestro jubilado y todavía coordinador de los programas federales de Bienestar, Víctor Castro. Se puede apreciar, por los movimientos anticipados de sus operadores, en busca de un posicionamiento entre la ciudadanía a todas luces forzado, ya que por más que utilizó su posición como funcionario federal no pegó. Tan es así que el alcalde de La Paz -que a principios de año figuraba abajo en las encuestas- hoy lo ha alcanzado y en algunos ejercicios estadísticos incluso lo ha rebasado.

El cálculo político del War Room (cuarto de guerra)de Castro Cosío, en su enloquecido anhelo de hacerse de la candidatura de morena, ha ignorado las leyes de la política llevándolo a un naufragio seguro y es que, como dice el dicho, “con la vara que midas, serás medido” ya que en política no se puede construir donde se destruye, no se puede avanzar donde se ponen barreras, no se puede pedir ayuda donde solo se ha sembrado división.

Basta con recordar que Víctor Castro permitió la descomposición del Congreso del Estado al  sembrar falsas ilusiones entre los diputados de morena (en sus mentes todos serán candidatos A ALGO) cuando en realidad los ciudadanos los detestan por su pésimo actuar al interior del congreso. Los ilusos están desactivados.

No se puede dejar de mencionar la  guerra que ha mantenido con la alcaldesa Armida Castro, por supuesto de manera indirecta porque Víctor Castro no tuvo el valor de enfrentarla de manera frontal; para eso utilizó primeramente a otro iluso, el delegado de Cabo San Lucas Oscar Leggs, para el trabajo sucio. Ni qué decir de la reciente inhabilitación de la alcaldesa por parte de su partido, fomentada desde las mismas filas morenistas por personeros del propio Víctor Castro.

De los ataques al alcalde de La Paz Rubén Muñoz hay tela de donde cortar. Víctor Castro se ha dedicado a denostar, descalificar, desacreditar y golpetear políticamente a su compañero de partido (por supuesto no en voz propia, a veces son acomedidos con iniciativa y otras, ex empleados municipales resentidos). Sin embargo por más dichos, acusaciones o peroratas no hay una sola denuncia en su contra y sí mucho fuego amigo e intentos de desestabilizar la administración municipal de Muñoz Álvarez.

Lo que si queda claro es  que a Víctor Castro le gana su dogmatismo, ignorancia y sectarismo. Su narcisismo lo conduce a una implosión de su propio partido al allanar su camino de heridos políticos. Donde la humildad no tiene cabida manifestándolo de manera contundente al declarar que, de no ser el candidato de morena, mejor  “Se Retira”. Como lo mencioné en una entrega anterior, Puro Pa’ Tras.

Ya veremos qué sucede, es mi opinión, al tiempo…

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