balconeando

Por Alejandro Barañano

Se sabe que la traición es difícil de digerir, casi intolerable e imperdonable, suena dolorosa y decepcionante, y en cualquier espacio que se protagonice la experiencia no resulta nada agradable. Y ojo, porque aquel que traiciona una vez si no hace la consciencia necesaria u obtiene el escarmiento suficiente, existe un alto porcentaje de probabilidades de que vuelva a traicionar.

Para quien ya no lo recuerde, permítame decir que a días de entregar formalmente el poder el equipo de Armando Martínez Vega, se formó mucho ruido con aquello de que no todos los que llegaron con él se irían, cosa que resultó no cierta, pues la contralora municipal Sara María Beltrán Navarro inmediatamente tendió puentes con el equipo de transición de Rubén Gregorio Muñoz Álvarez más allá de los institucional para quedarse.

A pesar que la gestión de Martínez Vega pasó sin pena ni gloria, la Contraloría Municipal que curiosamente ostentaba la misma Sara María Beltrán Navarro jugó un rol importantísimo en el movimiento de transición, ya que se “convirtió” en una implacable fiscal que revisó con lupa el ejercicio del gasto público durante los últimos tres años, y obviamente que el equipo de transición del alcalde “Goyo” se encontraba feliz porque recibía más testimonios de los que esperaba; o sea en otras palabras, información confidencial que solo Armando Martínez Vega o algunos de sus más cercanos colaboradores tenían reservada.

Nada más que el método que se utilizó para extraer “confidencias” a los colaboradores de Armando Martínez Vega resultaron ser muy parecido al que utilizó la Gestapo en la época de los Nazis; acosando, hostigando, presionando y amenazando en aras de que soltarán lo que sabían, y ahora ese método – por llamarlo de algún modo-  acción que fue aplicada desde la oficina de la Contraloría Municipal.

Tan es cierto lo antes descrito, que en las últimas semanas de la gestión de Armando Martínez Vega varios funcionarios de primer nivel tuvieron que pasar por el férreo tamiz de la implacable Sara María Beltrán Navarro, pues incluso amenazó con apercibimientos o fincarles procedimiento a quienes no dieran información al tan llevado y traído equipo de transición, esto claro está que con el mero afán de ganarse las simpatías del entonces alcalde electo bajo el pretexto de hacer cumplir la norma aun violentando la ley.

Lo curioso es que Sara María Beltrán Navarro llegó a la Contraloría Municipal de la pasada administración con el apoyo de Armando Martínez Vega de la misma forma como la impulso durante la administración de Marcos Covarrubias Villaseñor cuando fungió a la sazón de directora de la Auditoria Gubernamental.

Hoy, la misma Sara María Beltrán Navarro comienza a acusar olvido de su paso en la gestión de Armando Martínez Vega, al obrar en consecuencia con extremada rudeza en contra de quien fue su protector e impulsor en la administración pública estatal y municipal, ello en el juego de las grandes traiciones y creando una coyuntura que fue aprovechada a la perfección por el equipo de transición de Rubén Gregorio Muñoz Álvarez, esto más allá de un ejercicio de colaboración institucional.

 Y es que con ello y gracias a la información compartida en su momento por Sara María Beltrán Navarro al equipo de transición, el alcalde “Goyo” tiene en la actualidad una “hoja de ruta” muy bien definida para operar política y mediáticamente con las revisiones y auditorías que se aplicaron a la gestión de Armando Martínez Vega.

Por lo que habrá que esperar qué tratamiento dará Rubén Gregorio Muñoz Álvarez a la información proporcionada por quien fue y sigue siendo la Contralora Municipal, ello a sabiendas que quien traiciona una vez traiciona siempre, pues a la larga puede llegar a hacerse costumbre y dejar dolor y pesar a su paso; por lo que mientras quien esto escribe mejor seguirá BALCONEANDO. . .