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Por Alejandro Barañano

Hay quienes aseguran que antes que finalice este año el gobierno federal podría autorizar la primera concesión para la ejecución de un proyecto de minería submarina en el Golfo de Ulloa, y obviamente que esto sería a favor de la empresa Exploraciones Oceánicas, la cual es filial de la empresa estadounidense Odyssey Marine Explorations.

Así, el proyecto denominado “Don Diego”, podría dragar el fondo marino a una profundidad de entre 60 a 90 metros para extraer 7 millones de toneladas de arena fosfática anuales durante el próximo medio siglo, y con ello producir 3.5 millones de toneladas de fósforo, según lo establece la Manifestación de Impacto Ambiental emitida por la empresa.

Y es que la filial de Odyssey Marine Explorations puso en su mira el lecho marino de Baja California Sur desde el año del 2014, cuando se presentaron dos proyectos de impacto ambiental que no fueron aceptados por el gobierno federal, pero en el 2015 se presentó un tercer estudio que no ha sido rechazado, por lo que se presume que podría tener “luz verde” ante de que acabe este 2018.

Con ello, la que sería la primera mina submarina en México, se extendería sobre una superficie de más de 91 mil 267 hectáreas de lecho submarino, y se pretende ubicar a menos de 22 kilómetros de la costa del municipio de Comondú, en cuyas inmediaciones se ubica el santuario de la ballena gris, además de que abarca parte de las aguas concesionadas a la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera Puerto Chale.

Según datos del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina con el ruido que se produciría con la extracción de arena fosfática se afectaría la comunicación de la ballena gris alejándola de la zona; pero ahí no para la cosa, pues la mina también impactaría económicamente en la actividad pesquera que produce cerca de 8 mil 450 toneladas anuales de especies marinas, ello al dejar sin sustento económico a por lo menos 2 mil familias.

De acuerdo a la “Manifestación de Impacto Ambiental para el Dragado de Arenas Fosfáticas Negras en el Yacimiento Don Diego” que se presentó en junio del 2015 por la empresa Exploraciones Oceánicas, esta fue firmado por Martín José de la Cruz Quijano Poumián, e inexplicablemente se otorgó porque la mina tiene justificación por los beneficios que traerá al sector de la agricultura. ¡Que alguien me lo explique!

Lo que si se ha argumentado, es que la tecnología que se utilizaría en el proyecto del Golfo de Ulloa se ha comprobado durante más de tres décadas en Japón, el productor más destacado de materiales de construcción provenientes del fondo marino en el Reino Unido, Holanda y Bélgica; pero para los integrantes del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina, existen razones fundadas para dudar que la actividad de extracción de arenas fosfáticas del fondo del mar de Baja California Sur no tenga impacto sobre el entorno ambiental, pues se pretende devastar una superficie de lecho marino que equivale al 60 por ciento del territorio de la Ciudad de México.

Por eso hay que estar muy alertas, pues de llevarse a cabo el proyecto de la mina submarina Don Diego, se estaría incurriendo a una exposición a un medio ambiente peligroso, así como a la violación al derecho a la salud, a la vida y a un medio ambiente sustentable en agravio de más de 2 mil familias, esto a cambio de una utilidad económica de más de 2 mil millones de dólares anuales que pretende echarse a la bolsa la empresa promotora del proyecto, por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .