
POR ARIEL VILCHIS
En días anteriores escribí que la oposición que representa el partido Acción Nacional en BCS es pura simulación, sin embargo, lo preocupante para la ciudadanía es que no es una condición única de los albiazules. En Movimiento Ciudadano no cantan mal las rancheras.
Y es que el partido naranja en nuestro estado es puro espejismo. Por un lado presume ser “la alternativa”, pero bajo la batuta de Ernesto Altamirano la realidad es otra. Ser lo nuevo se ha convertido en un discurso vacío, incapaz de traducirse en músculo territorial, cuadros sólidos y resultados tangibles.
El dirigente del MC en BCS, Ernesto Altamirano, es bueno para la pirotecnia pero el partido sigue estancado, tanto así que han perdido militancia. En el 2023 contaban con 1353 afiliados y al corte de abril del 2024 tienen 1285. Y eso si no disminuye después de la revisión que harán los órganos electorales este mes.
De tal manera que el partido que dice ser la opción ciudadana, que representa lo nuevo y que presume resultados en los estados que gobierna, aquí en BCS es pura simulación. Con comités municipales endebles, falta de estructura territorial y algunos cuadros que no terminan de definir si van o no van con todo en el próximo proceso electoral, el MC hasta ahora solo es un escaparate muy lejano a la maquinaria que solo existe en la mente del dirigente estatal.
La realidad del MC es la misma que la oposición acomodadiza, aquella que solo espera los procesos para ir por las PLURINOMINALES. Porque con un padrón de afiliados débil, sin auditoría pública, incapaz de sostener movilización en municipios relevantes como La Paz o Los Cabos, el discurso de “lo nuevo” se estrella contra la percepción de “más de lo mismo”.
Ernesto Altamirano promete gubernaturas y victorias en los distritos y alcaldías, pero carece hasta el momento de un proyecto real, siendo la única ruta segura el desgaste interno y la pérdida de credibilidad ante la ciudadanía.
Por más que intenten vender en el Movimiento Ciudadano que el proyecto es el 2030, de cara al 2027 tienen pocas cartas para jugar y eso si el voto útil no migra hacia opciones más competitivas.
El remedio es claro y urgente: auditar el padrón, depurar candidaturas, profesionalizar cuadros, diseñar un plan operativo con indicadores y flexibilizar alianzas. Pero todo ello exige voluntad y capacidad de conducción, algo que difícilmente hará Ernesto Altamirano
Ya veremos qué sucede, es mi opinión. Al tiempo…