Por Laura Mendoza

Trascendió la semana pasada la fuga de seis menores de la Casa Cuna- Casa Hogar ubicada en la Ciudad de La Paz, en la Colonia 8 de octubre. Y no es que fuera un caso aislado por lo que se hiciera de interés público, sino que el momento del escape quedó registrado en un video que se hizo viral en redes sociales.

Y es que, como todos los problemas sociales, mientras no los vemos asumimos que no suceden; mientras no se evidencian hacemos como que no pasa nada.

La realidad de los menores que habitan en esa institución es que llegaron ahí porque en sus hogares no existían las condiciones para garantizar su seguridad y sano desarrollo, porque sus cuidadores se encuentran en un proceso en el que no se pueden hacer cargo de ellos y el Estado tiene que tomar esa responsabilidad y aquí me pregunto, ¿en qué concidiones debes tener a tus hijos para que el Estado deba resguardalos de sus propias familias?

Todos hemos conocido algún caso de negligencia familiar: la típica vecina que le grita a sus hijos, el vecino que golpea a su familia, los niños que andan jugando en la calle a altas horas de la noche y sin supervisión. Y lo más que hacemos es quejarnos entre vecinos, acusar y señalar, pero nadie se anima a denunciar, resguardar o hacer algo que realmente ayude a esas familias.

Ahora hablemos de los menores que suelen crecer en ese entorno. No hay que ser experto para saber que sin muestras de cariño y cuidado, con constantes agresiones y sin reglas claras que les den estructura, esos niños y niñas crecen siendo rebeldes, agresivos y voluntariosos.

Cabe aclarar que la Casa Cuna- Casa Hogar no es una prisión. Los menores que ahí habitan siguen una rutina normal para su edad, lo cual incluye reglas, horarios y responsabilidades como ir a la escuela. Y es aquí donde se dan muchos casos de escape, pues estos menores salen del edificio para ir a sus centros de estudio y al término de la jornada escolar ya no regresan. Y es que claro, para niños, niñas y adolescentes que no están acostumbrados a seguir reglas y horarios, que están acostumbrados a la libertad de la calle pese a sus riesgos y peligros, aunado a que se encuentran en una etapa de su vida de natural rebeldía y a que, a pesar de todo, extrañan a sus familias, la dinámica de la Casa Cuna-Casa Hogar puede resultar asfixiante.

Y no es que busque justificar la omisión de cuidados que pudo haber ocurrido dentro de la institución, pero es una realidad que cuidar de menores es una labor complicada. Quienes tenemos hijos lo sabemos, pero es aún peor cuando esos menores no son nuestros y vienen de entornos donde impera el descuido y la negligencia. No podemos exigir que se les trate de manera delicada cuando los mismos menores agreden a sus cuidadores, se necesita estructura, reglas claras, autoridad y mucha paciencia.

Lo que ocurrió la semana pasada requiere tomar medidas. Por una parte, se optó por poner rejas y protecciones a las ventanas, una medida cautelar que busca proteger la integridad de los menores para que no se repita lo de la otra noche. Por otro lado, se habla de un cambio en la dirección de esta institución, contemplando perfiles idóneos que contribuyan de manera positiva a la seguridad y desarrollo de los menores que ahí habitan.

Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.