
Por Laura Mendoza
Hoy se conmemoran 49 años de aquella tragedia que se quedó impregnada en la memoria colectiva de los sudcalifornianos. El devastador huracán Liza, de categoría 4, ni siquiera tuvo que tocar tierra en la ciudad de La Paz para dejar a su paso muerte y destrucción.
La acumulación de lluvia que trajo consigo el huracán Liza se registró en 137 mm en 24 horas, una cantidad histórica que ocasionó daño en una represa en la Cañada El Cajoncito, provocando la inundación repentina del arroyo que se llevó todo su paso: casas, árboles y vidas humanas.
Los días que se vivieron después de esa noche fueron difíciles. Las imágenes de la destrucción y el olor a muerte siguen impregnados en la memoria de quienes observaron en carne viva el terrible suceso, de aquellos que tuvieron que recoger los pedazos de una destruida ciudad y sacar de entre el lodo y las ramas los restos de sus vecinos. Quienes nacimos después, no podemos mas que tratar de imaginar la magnitud de la destrucción a través de las fotografías y registros que documentan aquel fenómeno que dejó más de mil muertos (aunque la cifra oficial es de 600 se calcula que podrían ser más) y daños estructurales de más de 100 millones de dólares.
Si algo nos dejó esta terrible experiencia, es el aprendizaje de que a la naturaleza hay que respetarla. Los huracanes son fenómenos que, si bien le traen grandes beneficios a nuestra tierra con sus lluvias, también pueden ser causa de destrucción y muerte. Que el mayor peligro no es la lluvia que cae, sino aquella que se estanca, que corre por los arroyos y devora todo a su paso y, que en estos casos, más vale detener la rutina cotidiana para resguardarnos y poner a salvo a nuestras familias. Es por ello la insistencia a suspender actividades durante las alertas de huracanes, no porque queramos sino porque es necesario para evitar que una tragedia de esa magnitud suceda de nuevo.
Con todo respeto para los sobrevivientes de esa terrible catástrofe, a casi 50 años de sucedida.
Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.