
POR ARIEL VILCHIS
Ni una mujer agredida, ni una mujer sin ser atendida y ningún agresor sin sanción. Son premisas de una política pública impulsada por la alcaldesa de La Paz Milena Quiroga Romero bajo el programa Mesa Violeta, el cual ya cumplió un año y ha dado buenos resultados.
La Mesa Violeta, que tiene como objetivo la prevención y atención de la violencia contra las mujeres, ha logrado lo que pocas estructuras burocráticas pueden presumir: Coordinación. Articular a policías, fiscales, jueces y sociedad civil para generar un protocolo de respuesta rápido con perspectiva de género no es cosa menor.

La alcaldesa de La Paz ha construido una ruta integral para las víctimas. Desde la instalación de botones violeta en el transporte público, la capacitación especializada de policías, una reforma del reglamento municipal con perspectiva de género, son pasos que permiten desactivar violencias cotidianas que, de no atenderse, podrían escalar en otra dirección.
Los números son importantes: en un año más de 2200 denuncias atendidas, 921 medidas de protección emitidas, reducción del tiempo de dictámenes psicológicos y un incremento del personal especializado.
En ese sentido, Milena Quiroga ha hecho política en el sentido más genuino de la palabra, ha construido comunidad, ha tejido redes, ha movilizado las instituciones. A su vez, ha colocado a La Paz en el mapa de los municipios que se atreven a innovar desde lo local, con una visión de género y justicia social que bien podría inspirar a otros.

El reto sin duda es sostener y escalar, que el esfuerzo no se diluya con el cumplimiento de algunos objetivos o el cambio de administración municipal. La Mesa Violeta impulsada por Milena Quiroga tiene todo para ser una política de estado.
Si bien es cierto que la Violencia contra las mujeres es una epidemia, con la Mesa Violeta se encuentra un Camino a La Paz.
Ya veremos qué sucede, es mi opinión, al tiempo…