
Por Laura Mendoza
El regreso a clases ya está a la vuelta de la esquina y se hace notar con las largas filas que se forman en los negocios de papelería, uniformes y zapaterías. Porque no se puede iniciar el ciclo escolar con el pie derecho si no se estrenan zapatos, uniformes, mochilas y útiles escolares, ¿cierto?
Según un análisis realizado por la Alianza Nacional de Pequeños Negocios (ANPEC) se espera que este año las familias mexicanas harán un gasto de 10 mil 916 pesos en promedio por estudiante, un 12.66% más que en 2024, y la realidad es que muchas de esas familias tendrán que recortar gastos en otras áreas del hogar, pedirán préstamos o utilizarán créditos para solventar ese importante gasto.
Si bien es cierto que la educación de nuestros hijos es una inversión para su futuro, cabría detenernos a pensar si es realmente necesario renovar todo el material escolar «para que vayan estrenando en su primer día de escuela» o si hay aspectos en los que el gasto es innecesario.
El regreso a clases es un suceso que pone en movimiento la economía de pequeñas y grandes empresas, pero también revela la realidad del hiperconsumo. Porque seguramente a tu hijo ya no le gusta la mochila de los Paw patroll que le compraste el año pasado, que aún está en buenas condiciones, y ahora le gusten más los personajes de minecraft, por lo que será necesario adquirir una nueva al gusto de tu pequeño.
Aún cuando tu hija no cambie de escuela, es impensable considerar que vaya a su primer día de clases con el uniforme del ciclo pasado, ese que aún le queda porque lo compraste un poco suelto para que le dure todo el ciclo y que conservaste en buen estado… pero no es nuevo. No, para que se motive en el nuevo curso es necesario que estrene desde uniforme de gala hasta deportivo y calzado también ¡faltaba mas!
Hablando de los gastos «pequeños», quizá se escriba igual con un lápiz de los clásicos amarillos o con el típico bolígrafo de la marca bic, pero seguramente tu pequeño se sentirá más inspirado al realizar sus trabajos con útiles decorados con capibaras, unicornios, pollitos o cual sea que esté de moda en el momento, solo se empieza el ciclo escolar una vez al año, ¿no?
Las empresas lo tienen muy claro y sus estrategias de marketing lo refuerzan a cada momento: si realmente te importa la educación y futuro de tus hijos invertirás más y gastarás tu dinero en los artículos más nuevos, más modernos y, ¿por qué no?, más bonitos, aunque eso represente un suplicio para los padres. Y quienes no sucumban ante la ola del hiperconsumo serán señalados como tacaños, egoístas y hasta irresponsables, pues no le invierten a la educación de sus niños.
Y así, una vez más, observamos cómo las grandes marcas juegan con nuestras emociones: ¿Quién quieres ser en este regreso a clases, el papá del niño que lleva todo nuevo o el del niño que reutiliza y optimiza los recursos que tiene a su alcance? Dejando en evidencia la desigualdad, por un lado económica y, por otro, de la concientización.
Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.