Por Laura Mendoza

Versa un viejo dicho «las cosas se toman de quien vienen» y hoy en día, en la nueva dinámica digital, las cosas vienen de todas partes y de cualquier persona, es por ello que a veces nos cuesta un poco filtrar a quién debemos escuchar y a quién prestar atención.

Lo bonito de la libertad de expresión es que todos tenemos derecho a decir lo que nos plazca, aún si la mayoría no está de acuerdo con ello. Sin embargo, la ética profesional (en cualquier ámbito) nos obliga a manejarnos con cautela, con prudencia, más aún si se trata de figuras públicas que ejercen alguna influencia en quienes los escuchan. Y no tanto por una cuestión de autocensura, sino por repercusiones laborales.

Ejemplo de ello lo que le pasó al futbolista Javier «el chicharito» Hernández. Aquel deportista que hace ya algunos años ganó la simpatía del público por su talento en el balonpie.

Alejado de los reflectores deportivos, incursionando en el escrutinio de las redes sociales, Javier Hernandez decidió hacer manifestaciones públicas acerca de las dinámicas de convivencia actuales entre hombres y mujeres, su punto de vista muy personal expresado como crítica al nuevo mal entendido empoderamiento femenino.

No me voy a detener a discutir si estuvo bien o mal lo que dijo el futbolista, pues como dijo Voltaire: «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo»; me limito a señalar que fue su punto de vista personal y que no sé qué ideas esperaban que emanaran de este personaje, si machismo y futbol son dos temas que representan a la cultura mexicana, sin ser necesariamente uno parte del otro (debo aclarar).

Lo que como público debemos reflexionar, es que no debemos tomarnos tan a pecho lo que se dice ante una cámara a la que ya todos tenemos acceso, una cámara que ya no filtra lo que se pone en difusión sino que deja fluir libremente los discursos, vengan de quien vengan. Que si nos molesta algo de lo dicho puede que sea porque «nos quedó el saco», ya que, como decían las abuelas, «la verdad no peca, pero incomoda», ojo ahí.

Sin duda podremos esperar más declaraciones de este personaje, muchas más de otras figuras a favor y aún más de personas en contra. Lo importante es no engancharnos y mejor enfocar nuestras energías en hacer cosas que de verdad cambien las dinámicas entre hombres y mujeres. Lo demás es pura cortina de humo, puro desviar la atención.

Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.