POR LAURA MENDOZA

Una vez pasado el #8M, las manifestaciones por la conmemoración del Día Internacional de la Mujer son noticia, como siempre, y nos mantienen al tanto de los estragos que las asistentes a las marchas provocaron a su paso.

Si estoy de acuerdo con ello o no es un tema que no interesa poner en la mesa, sin embargo, es una realidad que sin esos actos —que muchos podrán catalogar como vandálicos— la fecha del 8 de marzo pasaría desapercibida por la sociedad y una clara muestra de ello es que, desde el día 7, muchas escuelas motivaron a sus alumnas a marchar en pro de sus derechos y de eso poco se habló, de eso muchos ni se enteraron.

Baja California Sur es una entidad relativamente tranquila, por lo que nos es extraño presenciar marchas, bloqueos viales, paros y cualquier manifestación distópica que busque atraer atención hacia exigencias genuinas en materia de derechos y libertades, a diferencia del centro del país, donde son más comunes. Es por ello que este tipo de eventos suele causar mayor incomodidad, resistencia y rechazo.

Sin embargo, más allá de la incomodidad, no hay que olvidar el objetivo de estos movimientos sociales: visibilizar una realidad que nos rodea y nos afecta a todos que es la desigualdad y la violencia en materia de género, aún latente en nuestra sociedad. La problemática de la violencia contra la mujer está muy arraigada y tiene una raíz muy profunda, difícil de desterrar y, en ese sentido, considero que las manifestaciones sí están sirviendo de algo.

Empezando por lo más sencillo, hoy en día cada vez más personas comprenden el motivo de la conmemoración del Día de la mujer, cada vez son menos quienes creen que es una celebración y expresan mensajes de felicitación. Como mencionó atinadamente nuestra Alcaldesa de La Paz, Milena Quiroga: «Felicitar a las mujeres el 8 de marzo minimiza la esencia de la conmemoración y desvirtúa su propósito».

Y hablando de política, la participación de la mujer en la vida política, y más aún en el desempeño de puestos de poder, ha presentado avances, tanto así que tenemos a nuestra Primera Mujer Presidente en la historia de México. Si bien aún nos falta mucho en materia de legislación y procuración de justicia, hoy en día se impulsan iniciativas en materia de equidad de género y protección a la mujer que nunca antes se habrían siquiera planteado, y eso es gracias a las mujeres que han alzado la voz. Los gobiernos implementan programas de concientización y, aunque se tome a burla, hoy en día se reconoce que existen diferentes tipos de violencia, no sólo la física, y reconocer la existencia de un problema es un primer paso para erradicarlo.

La manifestaciones han visibilizado la violencia y el machismo como problemáticas reales que surgen de la educación familiar y, como tal, las madres y padres de familia enseñan a sus hijos no sólo a no golpear a las mujeres, sino a no acosarlas, la importancia del consentimiento, el no ponerse en situaciones de riesgo en las que pudieran ser acusados de abuso o violación. ¿Cuándo nos llegamos a imaginar que un hombre podría sentir temor de estar en una misma habitación con una mujer sin testigos? Y aunque el hecho de acusar falsamente es totalmente reprobable, pues no todos los hombres son violadores ni todas las mujeres son honestas —lo reconozco, sí hay mujeres que mienten— el hecho de que se pueda enfrentar la palabra de una mujer contra la de un hombre en una situación de abuso ya representa un cambio y un avance.

El cambio ya empezó y, como todos los grandes cambios, no va a ocurrir de un día para otro. Aún falta mucho por hacer, mucho que cambiar, y ello va a requerir mayor insistencia, más manifestaciones que evidencien el problema, van a ocurrir más marchas y, adivinen qué, no nos están pidiendo permiso para hacerlas. Hasta que no nos falte ninguna.

Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.