
Por Laura Mendoza.
Como ciudadana nativa de la capital sudcaliforniana, he tenido la oportunidad de crecer junto con esta ciudad, ver sus cambios y ser testigo de su desarrollo.
Así como el resto de la entidad, la ciudad de La Paz ha presentado un gran desarrollo en las últimas décadas, lo cual se ha manifestado en un gran crecimiento poblacional que ha traido consigo tanto beneficios como problemáticas.
Si bien es cierto que el desarrollo económico de la ciudad ha tenido grandes avances —hoy en día contamos con varios supermercados, plazas comerciales y lugares de esparcimiento— también es cierto que La Paz nos ha comenzado a «quedar pequeña», pues los espacios públicos rara vez se encuentran vacíos y las vialidades cada vez están más saturadas.
Los grandes campos abiertos, donde anteriormente salíamos los fines de semana a recolectar pitahayas o ciruelas de monte, se han convertido en grandes colonias con miles de casas, todas iguales. De esos amplios espacios en los que solíamos correr solo quedan reducidos patios traseros.
Debo reconocer que las calles pavimentadas que reemplazaron los caminos de tierra (sin profundizar en el estado actual de muchas de ellas) han facilitado el acceso a zonas del territorio municipal que antes ni nos habríamos imaginado llegar por lo lejano y lo inaccesible, sin embargo, la cantidad de vehículos que transitan en la ciudad ha tenido un crecimiento más acelerado que el de las vialidades, haciendo que éstas sean insuficientes para comunicar las distintas zonas del municipio.
Ciudades grandes traen consigo problemas grandes. Además de la movilidad, problemas como la contaminación, desplazamiento de especies nativas, sobrepoblación de perros y gatos callejeros, gentrificación (término relativamente nuevo que ya se está manifestando en nuestra pequeña ciudad), son circunstancias con las que día a día los paceños debemos lidiar y que venían contempladas en la «letra pequeña» de ese contrato que firmamos sin leer al aceptar el desarrollo y modernización de nuestra ciudad.
Sin duda, ayuntamiento y ciudadanos debemos tomar cartas en el asunto para conseguir que el impacto sea menor, pero para ello hay que involucrarse en las problemáticas sociales y no solo quejarse de ellas.
Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.