Por Laura Mendoza

Como periodista, considero que uno de los tipos de noticia más sensibles de difundir son los accidentes automovilísticos. Cuando se conjugan la imprudencia con el volante, escenarios catastróficos pueden presentarse y, muchas veces, cobrar vidas de personas que simplemente estaban en un lugar y momento equivocados.

Como una epidemia que se propaga rápidamente, así han ido en aumento los accidentes viales en toda la geografía estatal. Tan solo el fin de semana pasado se registraron al menos cuatro decesos por esta causa, siendo la constante en esos casos la alta velocidad, y la conducción bajo el influjo del alcohol. 

Si bien es cierto que el mal estado de las vialidades en gran parte del territorio es un factor que influye en este tipo de accidentes, es preciso reconocer que como automovilistas tendemos a ser muy imprudentes cuando queremos llegar lo antes posible a nuestros destinos. ¿Qué mas da si me paso un semáforo en rojo, si le gano el turno al que va antes de mi en el cuatro altos, si me paso por un poco el límite de velocidad o, en el peor de los casos, si desconozco totalmente el reglamento de vialidad y aún así me atrevo a manejar un carro?

Lo menos a lo que uno puede temer es al daño del vehículo y uno que otro golpe, la mayor de las consecuencias podría resultar en cobrar la vida de quien está detrás del volante e incluso de alguna persona si es que el vehículo impacta con alguien más. Y es aquí donde yo pienso, ¿Cómo saber si no soy la siguiente persona que pierde la vida a causa de un irresponsable al volante?

Ninguno estamos exentos. Algún día podríamos salir de nuestros hogares, como siempre, trasladándonos a nuestros centros de trabajo, escuelas, supermercados, o cualquier otro sitio y ya no regresar a casa porque algún automovilista negligente decidió no respetar el reglamento automovilístico y llevarse consigo nuestras vidas. 

Es por ello que considero necesario llamar a la reflexión. Cuando se trata de ponerse tras un volante no solo nuestra vida está en nuestras manos, sino también la de quienes nos acompañan y la de quienes transitan con nosotros en las calles. Por ello más vale llegar tarde a nuestros destinos que no llegar. Y como han repetido hasta el cansancio las autoridades «si toma, no maneje». Es importante tomar la responsabilidad en nuestras manos.

Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.