Por Laura Mendoza

Sin duda, Baja California Sur se ha convertido en poco tiempo en un destino turístico de clase mundial, alcanzando una popularidad al nivel de grandes puntos en el país como Cancún o Puerto Vallarta. Y esto lo ha logrado no sólo por la belleza de sus paisajes sino, en gran medida, por la calidez y hospitalidad de su gente.

Y es que el sudcaliforniano ha sabido aprovechar los grandes atractivos que en materia turística tiene nuestro territorio: las hermosas playas, la deliciosa gastronomía, la cultura y tradiciones y, en ese sentido, ha buscado la manera de compartir estas riquezas con el resto del país y del mundo, siempre con un trato amable y una sincera sonrisa.

Sin embargo, cabe aclarar que, como todo buen anfitrión, uno también espera que quien nos visita cuide y respete nuestro hogar. ¿A quién le gustaría que, al recibir a alguien en su casa, esta persona llegue dañando el lugar, ensuciando, subiéndose a los muebles o incluso diciendo que en su casa todo es mejor? Creo que a nadie, ¿verdad?

Esto viene a colación al analizar un hecho que ocurrió apenas el fin de semana pasado. Una señorita, de la cual omitiremos su identidad, se subió a una escultura ubicada en el malecón de nuestra bella capital de La Paz, a plena luz del día, despojada de sus ropas para posar para una fotografía. Cabe señalar que fue detenida y tuvo que pagar una multa de cerca de $3500 pesos mexicanos, por su acto de exhibicionismo.

A pesar de que las opiniones en torno a la gravedad del acto se encuentran divididas, la ley es muy clara al momento de no permitir este tipo de acciones y, por lo tanto, deben sancionarse y repudiarse.

Pero no es la primera vez que un acto de irreverencia turística ocurre en nuestro estado. Recordemos tan solo que en octubre de 2023 un par de turistas escalaron el famoso arco de Cabo San Lucas, poniéndose en riesgo a sí mismos y las unidades de rescate que tuvieron que acudir para bajarlos de ahí.

O recordemos también aquella vez en 1989, cuando turistas subieron a otro emblemático momumento natural, el icónico hongo de Balandra, causando su caída. Fue por ello que en 1993 tuvo que ser restaurada con un costo de 54mil pesos la escultura que, originalmente, era una formación rocosa erosionada de manera natural por acción del viento, oleaje y mareas a través de miles de años y, sin embargo, aún hay turistas que buscan retar a la autoridad escalando el hongo de piedra.

Es por ello que mi reflexión viene en torno a que, si somos visitantes en una tierra que nos recibe con los brazos abiertos, lo menos que podemos hacer es respetar los espacios públicos que nos ofrecen, comportarnos igual o mejor de lo que nos portamos en nuestros lugares de origen.

Si ese tipo de acciones no las realizas ni en tu casa, ¿por qué tendrías permitido hacerlas en la casa de otros? Eso también es parte de ser buen turista y, si quieres que se te siga recibiendo con trato cálido y amable, es necesario aprender a serlo.

Gracias por llegar hasta aquí, soy su amiga Laura Mendoza.