Por Alejandro Barañano

Ayer el periodista Gibrán Ramírez Reyes en su espacio de opinión que posee en Milenio, explicó que Guerrero Negro es el punto más alejado de la ciudad de la capital sudcaliforniana, lo que le implica por ende complicaciones logísticas que derivan en conflictos económicos.

También expuso que la fundación de Guerrero Negro se derivó por una aventura empresarial, la que instauró la empresa Exportadora de Sal, misma que fue fundada por allá de los años 50 para aprovechar la concentración de agua de la Laguna y los salitrales naturales.

Ahora bien, ante ello la vida de la comunidad es, en consecuencia, indisociable a la de la empresa Exportadora de Sal, pues fue la misma quien detonó el crecimiento económico, y por otro lado la organización sindical fue la que permitió que los pobladores se beneficiaran de infraestructura y servicios sociales básicos que fueron financiados por la próspera empresa que fue nacionalizada en el año de 1976.

Pero desde entonces poco se ha avanzado a pesar de las estratosféricas ganancias que año con año genera la exportación de sal, pues se ha beneficiado fundamentalmente la empresa Mitsubishi, que es la asociada con el gobierno mexicano a través de ESSA.

Como se recordará, las empresas de participación pública han sido una y otra vez víctimas de un abandono intencionado y de una chatarrización orientada a entregar de modo barato lo público a empresas privadas que pudieran usufructuarlo de una forma presuntamente más eficiente. Y ante eso ESSA no ha sido la excepción.

Afortunadamente para Guerrero Negro y sus habitantes han resistido los embates privatizadores que no han cesado gobierno tras gobierno, y en la actualidad si bien la gente confía en la promesa del presidente Andrés Manuel López Obrador de que no habrá cesión de la empresa al capital privado –promesa que también el gobernador electo, Víctor Manuel Castro Cosío refrendó en su campaña– pero hay un sentimiento que se comienza a caminar en sentido contrario por lo que se fortalecen las afectaciones.

Lo digo porque Guerrero Negro se encuentra en la injusta situación de alimentar a una potente industria de la sal que generara casi 5 mil millones de dólares en la facturación de Mitsubishi cada año, mientras que al pueblo se le ha castigado con escasa pavimentación y defectuoso drenaje, casi sin servicios de salud, ello y a pesar de prácticamente todos viven y producen para la empresa.

Ahora resulta que se asegura que la empresa Exportadora de Sal requiere de un rescate financiero de manera urgente, pues si su crisis sigue profundizándose como sucede los costos seguirán incrementando, y el fantasma de la privatización se hará nuevamente presente.

Pero ojo, porque ese rescate de poco o de nada serviría si no se le acompaña con medidas que eviten que los beneficios de la empresa terminen en Baja Bulk Carriers y en la Mitsubishi, lo que implicaría generar entonces una organización corporativa diferente para no caer otra vez en lo mismo.

Tatiana Clouthier como secretaria de Economía, y con poder de decisión al interior de la Exportadora de Sal, podría ensayar un modelo de economía social sustentable que no solo evite la privatización, sino que la persistencia del descuido y los malos manejos que la empresa ha enfrentado en los años recientes. Logrando a la par con ello que la comunidad de Guerrero Negro sea rescatada del abandono y de la despiadada extracción de la empresa trasnacional y convertirse así en un ejemplo de lo que significan los trillados lemas del Gobierno de México. ¿O me equivoco?; por lo que mejor quien lo escribe seguirá BALCONEANDO. . .