Por Alejandro Barañano

Me reuní con un buen amigo que está inmerso en las actividades turísticas, y entre sorbo y sorbo a la taza de café me soltó de sopetón una pregunta que creo que a la fecha es aún difícil de contestar con sustento: ¿Por qué ganó Morena las elecciones del 6 de junio pasado?

Según me explicó, dos meses antes de aquel domingo, los propietarios de algunos hoteles importantes de la zona de Los Cabos hicieron un sondeo para saber de una u otra forma por quién votarían sus empleados, y en el ejercicio Morena ganó.

También me acotó que esto generó preocupación debido a la visión anti empresarial que ha mostrado tener en más de una ocasión Víctor Manuel Castro Cosío, y que como sabemos será el próximo gobernador de la media península, ello y a pesar de que moderó su discurso durante los debates que se dieron, más sin embargo ahora ha insistido en que está a favor del turismo sólo si genera beneficios a la población y tiene un componente social.

Aquel sondeo comentado simplemente quedó en el olvido, sobre todo cuando las principales casas encuestadoras reportaban que Baja California Sur era uno de las entidades donde la intención del voto favorecía claramente a la coalición PAN-PRI-PRD.

El pronóstico –para sorpresas de muchos– se mantenía todavía cuando cerraron las casillas y la encuesta de salida pagada por la Alianza “Juntos Contigo” le daba el 40.34 por ciento de los votos a su candidato Francisco Pelayo y el 35.90 por ciento a Castro Cosío.

Sin embargo, los resultados horas después mostraron que Morena llevaba la delantera en tres de los cinco municipios del estado, es decir en Los Cabos, La Paz y Comondú.

Posteriormente el Instituto Estatal Electoral hizo público que Víctor Manuel Castro Cosío había ganado; lo mismo que los candidatos de Morena a presidentes municipales de los tres municipios arriba mencionados, ello junto con 12 de los 16 escaños del Congreso del Estado que estaban en disputa.

¿Qué pasó? se preguntaban al día siguiente muchos de esos empresarios, me confesó el amigo con quien conversaba. Bueno, una hipótesis fue que hubo un cambió la opinión en los días previos a la elección debido a la dispersión de dinero por parte de los aliados de Morena, y la otra que muchos no revelaron anticipadamente sus preferencias.

Ante esto, hoy existen dos corrientes entre el empresariado, la de quienes asumen que no se han sabido comunicar debidamente con los grupos menos favorecidos, y la de los que plantean endurecer su relación con ellos. Aunque cabe aclarar que conforme pasan los días esta visión está cambiarán, pues nadie se beneficiaría si abiertamente se polarizan los grupos sociales.

Pero también para muchos de esos hombres de empresa regresó a su memoria aquellas repetidas historias de los taxistas que abusaban de los turistas, los problemas de inseguridad y el desdén hacia ellos que mostraron tener los ex gobernadores Narciso Agúndez Montaño y Leonel Cota Montaño.

Por eso ahora hay temor –aunque algunos quieran negarlo– por el futuro de los fideicomisos de turismo, cuyo manejo técnico y transparencia en el uso del impuesto al hospedaje han sido cruciales para que destinos como Los Cabos y La Paz hayan crecido en los últimos años.

Además esos mismos empresarios descartan una Ley de Movilidad moderna, por lo que no será difícil –aseguran– que los taxistas presionen al nuevo inquilino de Palacio de Cantera para que se prohíba la plataforma Uber así como otras aplicaciones similares.

En conclusión, los que presentaron encuestas vieron a una entidad en desarrollo, con un gobernador bien aprobado y con bajos índices de desempleo y pobreza; pero muchos ignoraron lo anterior y mejor votaron por Morena. ¡Fin de la historia!; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .