Por Alejandro Barañano

Las notorias diferencias políticas y personales que se dice existen entre Leonel Efraín Cota Montaño con Víctor Manuel Castro Cosío y Narciso Agúndez Montañode las cuales mantengo mis reservasno tienen nada que ver con aquellos verdaderos enfrentamientos que se daban entre Julio César, Pompeyo y Claudio en la antigua Roma.

Y lo digo porque en la época de los emperadores romanos los enfrentamientos eran despiadados entre las familias que ostentaban el poder y que generaban a final de cuentas una inestabilidad política, crisis y diferendos diplomáticos, pues la exigencia suprema era la demostración de las habilidades y aptitudes para llegar a ser merecedores del trono.

Pero aquí –en la versión chollera– queda visto que las supuestas rivalidades entre Leonel Efraín Cota Montado con Víctor Manuel Castro Cosío y Narciso Agúndez Montaño no son más que puras sacadas de lengua, arañazos y una que otra cachetada de payaso que lo más que logran es hacer reír a quienes aún creen en esas reyertas arregladas que se dan entre ellos.

Luego entonces las dichosas pugnas que se dice hay entre estos tres personajes de la política local son definitivamente mucho diminutas con los enfrentamientos entre Julio César, Pompeyo y Claudio, pues se remiten solo a una carrera de resistencia donde se finge ser diferentes cuando en realidad son exactamente iguales.

Como ejemplo de lo antes dicho, tenemos la llegada al poder de Narciso Agúndez Montaño en el año 2005, justo cuando logró vencer con el apoyo de Leonel Efraín Cota Montaño a sus adversarios, esto desde el interior de la misma tribu o partido. Esta estrategia que también se quiso utilizar en el fallido relevo de Luis Armando Díaz, fue lo que provocó que se rompiera la alegre alternancia perredista. ¿Se acuerda usted?

Ahora bien, a poco menos de dos décadas de aquella primera alineación, y donde todos se hicieron viejos en el mismo instituto político, ahora quisieron resurgir justo cuando se dieron las negociaciones de las candidaturas, y donde desde la fría banca política en la que se encontraban buscaron nuevos frentes templados ello sin pasar por alto que con esta nueva horneada de reyertas arregladas versión 2021, se irrumpiera con un nuevo cuadro de Morena que entró en la “puja” es pos de la próxima gubernatura, o sea Víctor Manuel Castro Cosío.

Dicho esto, no nos debe quedar duda alguna que al igual que sus antecesores y ahora colegas coaligados, se protagoniza un falso símil de enfrentamientos a través de un pleito arreglado, y que no tiene nada que ver con aquellas batallas épicas que se gestaron entre Julio César, Pompeyo y Claudio en la antigua Roma.

Y es que en la versión 2021 de estos pleitos arregladas, el oriundo de la comunidad de Santiago trazó una bien planeada estrategia desde hace más de un año, la cual puso en práctica justo cuando Víctor Manuel Castro Cosío se apoderó de la candidatura a la gubernatura dejando fuera a los “delfines del güerito”, o sea a Rubén Gregorio Muñoz Álvarez y a Armida Castro Guzmán, utilizando como salida simplemente inventar una oposición en contra de quien hoy en día es el abanderado del Movimiento de Regeneración Nacional, lo cual resultó totalmente simulado.

Sin embargo las diferencias que se dice existen entre Leonel Efraín Cota Montaño con Víctor Manuel Castro Cosío y Narciso Agúndez Montaño son totalmente disfrazadas, pues se remiten a una simple carrera de resistencia que duró unos cuantos meses para al final “sumarse” con quienes decía no quería saber nada.

Es un hecho que la vieja trama de las pleitos arreglados –entiéndase como simulaciones– le han funcionado muy bien a las “izquierdas”, ya que en el lapso del año 2002 al 2021, varios asumieron candidaturas en otros frentes políticos distintos al partido “nodriza” donde hoy militan, renaciendo entonces a través del Movimiento de Regeneración Nacional ya libres de mea culpas, y demostrándonos sobre todo que la historia se repite en ocasiones como tragedia y otras más como vulgares y grotescas farsas; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .