Por Alejandro Barañano

Definitivamente un debate político debe ser una técnica de comunicación masiva, donde los contendientes a un mismo cargo de elección popular tienen la oportunidad de plantear, exponer y conocer diferentes posturas y argumentaciones sobre los temas que se aborden, así como confrontan ideas y opiniones diferentes.

Por lo tanto se supone que los debates deben ser plurales. De una manera ideal, la información que se intercambia en un debate debe estar basada en datos objetivos y veraces, así como en opiniones razonadas y fundamentadas para defender una postura.

Del mismo modo, en un debate real se producen objeciones o argumentaciones en contra de las informaciones presentadas por el otro debatiente. Su objetivo principal –repito- es el intercambio de ideas en un marco de respeto y civilidad entre los participantes.

Ayer se dio un primer debate entre los diez contendientes a la gubernatura de Baja California Sur, y aunque este fue –en su mayoría–  bajo muestras de urbanidad y cortesía, pero también hubo prietitos en el arroz que dejó muy mal parado al Instituto Estatal Electoral. Uno, por el pésimo servicio de audio que se registró una y otra vez desde el inicio del evento. Y dos, por el formato utilizado, pues por momentos el protagonista fue el moderador y no los candidatos que son los que realmente se quería escuchar.

Interrupciones abruptas, fallas de sonido constantes y un formato sin pies ni cabeza. Eso fue a grandes rasgos la tónica del segundo debate realizado ayer.

En el primer bloque se tocó el tema de la salud. Propuestas con tan solo dos minutos de tiempo para cada uno, que hacer, como hacerlo y que le falta en la entidad en ese rubro fueron las preguntas constantes. Todos opinaron, e incluso algunos fueron cuestionados en sus respuestas. Al final empate, nada para nadie.

El segundo bloque fue sobre el tema de la reactivación económica. Hubo quienes defendieron a los gobiernos austeros, otros el bienestar para la gente y no faltó quien incluso reclamó bajar el IVA y hacer un traje a la medida para Baja California Sur, advirtiendo que la pandemia no solo ha lastimado la salud de muchos sino también los bolsillos de las familias.

También se habló de la capacidad de gestión y administración, sobre las micros y las pequeñas empresas, en atraer inversiones pero sin que se dejaran de presentar las interrupciones abruptas afectando por ende la mayoría de las intervenciones.

Se ofrecieron créditos avalados a través del gobierno, reactivación de la economía con más empleos, mayor facilidad para el emprendimiento, desarrollo social para vivir mejor y fortalecer turísticamente a la media península, fueron varias de las propuestas escuchadas.

Llegó el tercer bloque, y ahí se abordó el tema de la seguridad. Hubo quien habló sobre la modernización, capacitación y profesionalización de los cuerpos de seguridad y otro más sobre la importancia de las nuevas tecnologías para fortalecer los mecanismos para defender a la ciudadanía.

Obvio que las irrupciones y los errores continuaban, donde el protagonismo de los supuestos moderadores se veía rebasado. Pero los candidatos volvían al tema y anunciaban actividades sobre la prevención del delito, sobre los feminicidios y las desapariciones de personas. No se pasó por alto el tema de la violencia de género, como tampoco la promesa de un número mayor de Comandancias de Policías en todas las regiones del estado y espacios públicos más protegidos.

Después de ello vino el segundo segmento del debate. El tema: la educación. Comenzó con una lluvia de propuestas e ideas en materia de jubilaciones para los docentes, sobre las necesidades de los estudiantes, sobre el posible regreso a clases presenciales de modo paulatino, la vacunación contra Covid en favor de los maestros. Se hablaron además de becas, útiles y uniformes escolares, y de una educación digital con herramientas tecnológicas.

En resumen, este primer debate que organizó el Instituto Estatal Electoral a final de cuentas resultó denso, sumamente aburrido, muy disperso y confuso, en varios momentos con discursos despectivos e insulsos, pero eso sí, lleno de mucho protagonismo por parte de quienes tuvieron “la fortuna” de dirigirlo; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .