Por Alejandro Barañano

Es sumamente lastimoso ver como una tragedia puede tomarse como bandera política, no solo por parte de los que están en contra de la llamada Cuarta Transformación, sino también por quienes dicen estar inmersos en ella.

Sí, la tragedia del Metro, que hasta ahora se cifra en 23 muertes y casi un centenar de lesionados, ha dado una muestra de lo que puede ser el proceso de la sucesión presidencial rumbo al año 2024.

Y lo digo porque en redes sociales y en la opinión de varios analistas de medios, trataron de buscar inmediatamente de quien era la culpabilidad del derrumbe de la trabe de una obra cuya construcción y mantenimiento ha abarcado tres administraciones capitalinas: La de Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y la actual, Claudia Sheinbaum.

Aunque hay señalamientos en contra de Marcelo Mancera, la batalla mediática se ha centrado en dos presidenciables de la autollamada Cuarta Transformación: el canciller y la gobernadora, cuyos simpatizantes –y que conste que son puros morenistas– se están dando hasta con la cubeta por defender a uno y a la otra.

Ni bien se sabía el grado de magnitud del trágico suceso, ya se le cargaba la culpa a Marcelo Ebrard, aunque en cuestión de minutos vino la reacción y entonces se comenzó a mover la versión sobre la falta de mantenimiento por parte del gobierno de Claudia Sheinbaum.

Ahora bien, las investigaciones y peritajesen el menor de los casosserán los que podrán determinar el grado de responsabilidad que puedan tener ambos funcionarios, –si es que la tienen– pero para muchos la tragedia del Metro deja ver la intensidad con la que los mismos morenistas pelearán la candidatura presidencial del 2024.

Sin embargo, y cabe hacer la aclaración, desde septiembre del año 2017 –tras aquel sismo magnitud 7.1 que azotó la Ciudad de México– fueron los vecinos de la zona de Tláhuac quienes reportaron la presencia de grietas considerables en las instalaciones de la estación Olivos, y eso –según expertos en el tema– debilitaba el funcionamiento integral en el soporte de peso y de elasticidad.

Ante estas fallas, y en aquella fecha, fue preciso entonces cerrar seis estaciones: Tezonco, Nopalera, Zapotitlán, Tlaltenco, Tláhuac y justamente Olivos.

Los trabajos de apuntalamiento y rehabilitación comenzaron en septiembre del 2017; pero ante la inconformidad sobre dicho mantenimiento –un año después– los mismos vecinos bloquearon la vialidad entre la estación Olivos y Nopalera, manifestando que se le diera seguimiento a las quejas que habían hecho por los daños presentados en la infraestructura del Metro.

Ahí viene el lobo, ahí viene el lobo. . . y nadie lo creía, pero el lobo llegó y el pasado lunes por la noche se desplomó un puente de la vía elevada de la Línea 12 entre la estaciones Olivos y Tezonco, esto justo cuando circulaba un tren con varios vagones.

Por eso señalé al inicio de este espacio que es sumamente lastimoso como una tragedia puede tomarse como bandera política, no solo por parte de los que están en contra de la llamada Cuarta Transformación sino también por quienes se dicen inmersos en ella, y la línea 12 del Metro, esa que se en su momento fue considerada una obra de oropel, ahora se está convirtiendo en todo un arsenal; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .