Por Alejandro Barañano

Muchos podríamos coincidir que un debate ​es un acto de comunicación en donde dos o varias personas opinan acerca de tal o cual tema, así como también donde se exponen ideas y se defienden opiniones e intereses, y donde a final de cuentas quien sea más completo logra que sus argumentos vayan aumentando en cantidad y en solidez de sus motivos.

Ahora bien, el debate de ayer a través de una estación radiofónica fue bueno como ejercicio político, pero no hay que olvidar que aún faltan 37 días para que se defina la elección mediante el sufragio popular, y lo digo porque parece que hay quien entiende por debatir simplemente atacar al adversario, luego entonces Víctor Manuel Castro Cosío para algunos pudo haber ganado el ejercicio, pero en cuanto a propuestas definitivamente no fue así.

El Puchas”, como le apodan al abanderado de Morena y del Partido del Trabajo sus amigos y uno que otro llevado, simplemente se dio a la tarea de embestir a quien es el puntero, o sea a “Pancho” Pelayo, pues el comundeño trae 10 puntos por encima del decrepito maestro jubilado, y al actuar como lo hizo creyó que le subirán los bonos. Nada más falso que eso.

Y es que muy a pesar de su estilo despreciativo, cínico y socarrón, la campaña de Víctor Manuel Castro Cosío no levanta por más que este quiera, ya que no hay encuesta donde no se pueda apreciar que su imagen se deteriora cada día más ante el electorado; y aunado a esto hay ciertos acontecimientos que lo están salpicando negativamente y lo están poniendo en una posición incómoda donde ya no tiene ni para donde hacerse.

No cabe duda que la soberbia de “El Puchas” mostrada en el debate de ayer es un alto defecto donde se encuadra a la perfección su valoración por encima de los demás, y que también es un sentimiento de superioridad que lo conlleva a presumirsin medir las consecuencias–  sus cualidades o ideas menospreciando las ajenas.

Por eso, como político que dice ser, busca a toda costa ser aceptado agrediendo, basándose en la satisfacción de su propia vanidad y dejando en claro ante los ojos de propios y extraños una altanería desmedida, una altivez incomprensible e incluso, una arrogancia atroz.

Así, queda en claro y demostrado que la jactancia del candidato de la coalición de Morena con el Partido Trabajo lo hizo presa fácil, pues busca  a toda costa –como es su característica– echarle la culpa a medio mundo cuando nadie más que él y el gobierno que dice representar son los causantes de las galimatías que vivimos, por lo que ahora el viejo maestro jubilado se comporta cual víctima ante los yerros que desaseos que siempre ha cometido.

Repito de nueva cuenta, debatir debe ser un acto de comunicación en donde dos o varias personas opinan sobre de tal o cual tema, así como también donde se exponen las ideas y se defienden las opiniones, y donde a final de cuentas quien sea el más completo logra a medida que sus argumentos expuestos vayan aumentando en cantidad y en solidez de sus motivos, y eso el testarudo de “El Puchas” no lo entendió.

Y tan no lo entendió, que debería quedarle claro que hoy en día a la sociedad ya no se le puede engañar fácilmente, sobre todo cuando el ciudadano de a pie, ese que no se desplaza en una lujosa Suburban de reciente modelo como lo hace el candidato de Morena, que no vive en suntuosas mansiones como las que posee el vetusto aspirante a gobernador allá por el rumbo del Centenario y que no presume su alta alcurnia o su pedigrí, ni que fantochea con su modo de ser y vivir como lo hace Víctor Manuel Castro Cosío, sabe cuándo se le miente, por lo que más que participar en un debate como debía generó un reverendo batidero; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .

COMO EN BOTICA

¿MIEDO A ARMIDA?

Quien podrá explicar el motivo de porque no fue invitada en tiempo y forma al debate radiofónico la candidata a la gubernatura por el Partido Verde Ecologista de México, ARMIDA CASTRO GUZMÁN, y lo cuestiono porque en ese evento se pudo haber cuestionado cara a cara los agravios políticos y personales que ha recibido por parte de VÍCTOR MANUEL CASTRO COSÍO, o quizá descubierto el motivo real de las intensas campañas de desprestigio que se han dado en su contra y más aún, el origen de los diversos temas de violencia política que al final fueron reconocidos por el TRIBUNAL ESTATAL ELECTORAL.

¿A quién le temblaban las corvas por la sola presencia de la abandera del INSTITUTO POLÍTICO DEL TUCÁN? ¿Sería tal vez su fortaleza, entusiasmo o la operación política que ha mostrado tener en las últimas semanas para así darle forma al proyecto que encabeza? Por el momento nos quedaremos con la duda.

Y es que hoy por hoy ARMIDA CASTRO GUZMÁN está proyectando confianza de que tiene todo para ganar y nada que perder, porque persigue simple y llanamente un objetivo legítimo, el cual está respaldado por el trabajo realizado al frente de la comuna cabeña, pero también ante el apoyo que le brindan cientos de ciudadanos que se han sumado a su llamada “OLA VERDE”.

Luego entonces: ¿FUE ACASO UNA MERA OMISIÓN, UNA INDOLENCIA O UN VERDADERO TEMOR A SU TALANTE?. . . ¡HE DICHO!