
Por Alejandro Barañano
A medida que avanza la campaña electoral de este 2018, se empieza a destapar lo que es claramente una Caja de Pandora, la cual inició con el ataque personal de los protagonistas en contra de todo lo que pueda representar un peligro para sus intereses o bien, la de sus patrones.
Es evidente la pobreza cultural, académica y moral de varios individuos que se incrustaron en todas las esferas del gobierno, tanto federal como estatal y municipal, y ni se diga en los partidos políticos.
Y lo digo porque en el Partido Revolucionario Institucional hay personajes fogueados en las artimañas y en la cultura de los grupúsculos, quienes tomaron el control de la dirigencia estatal para simple y llanamente llevarlo a la ruina.
Fue así como salieron del arcón donde se guardan Isaías González Cuevas y el “gurú” que mece la cuna, Raúl Antonio Ortega Salgado, cuyas fatales influencias se han dejado ver en las campañas internas para elegir candidatos.
La huestes que tienen a su servicio fue además el relleno incondicional en el fingimiento de las asambleas, y fue tal el férreo control de este par de simuladores, que los verdaderos priistas navegaron en la desinformación de todos los movimientos y acciones del partido, lo cual solo fluyó a través de los oscuros personajes y en quienes recayó la voz y el voto de la base.
Lo grave de esta situación, es el desconocimiento que aún sostienen un sinnúmero de militantes y simpatizantes del PRI, aunque lo que sí es del conocimiento de la base ya es la nefasta reputación que sostienen entre la ciudadanía tanto Isaías González Cuevas como Raúl Antonio Ortega Salgado, a quienes se les conoce por dedicarse al acarreo, la mapachería y las alianzas gansteriles.
Es una pena que en el PRI sudcaliforniano existan personajes con capacidad política y de organización que bien valdría la pena cuidar y conservar, aunque lo cierto es que no tuvieron la visión para descifrar las argucias del clan que conforman el octogenario y “El Chorizo”, y por ello dejaron de lado a muchos grandes operadores políticos cuyo desempeño en el PRI es verdaderamente una lección de trabajo.
Pero regresando al tema de las malas experiencias, el calamitoso actuar del clan que conforman el octogenario y “El Chorizo” ha sido porque disponen del partido sin la observancia de los principios éticos y morales que están plasmados en el primer capítulo del texto de sus “Principios Básicos”, el cual se supone es la promoción de la revolución de las conciencias y el pensamiento crítico de los principios ya mencionados; pero dudo mucho que esta pandilla lo entienda, pues de ser así no actuaría de la manera como lo hacen aplicando el engaño y la simulación.
Si revisamos las candidaturas priistas en su gran mayoría nos daremos cuenta que el mayor porcentaje se le otorgó a incondicionales del clan, además de que se repartieron cínica y descaradamente varias de las carteras del Comité Directivo Estatal, ignorando – como lo hemos repetido hasta el cansancio- a gente valiosa, honesta y talentosa que dejaron por fuera de esos cargos directivos e incluso de las candidaturas.
Hoy se puede ver con suma tristeza como muchos priistas que lucharon a brazo partido en los años de 1999, 2006 y 2012, los que con desvelos y derrotas no sucumbieron ante las elecciones de la ignominia y prefirieron quedarse en el instituto político, simple y llanamente no fueron volteados a ver por los del clan que conforman el octogenario y “El Chorizo”, debido a que ambos personajes tienen secuestrado al partido sin el menor pudor.
La caída del PRI este próximo primero de julio será estrepitosa, y sino al tiempo me remito, pero nadie más que el octogenario y “El Chorizo” serán culpables de esta situación, por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .