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Por Alejandro Barañano

Pareciera que dos hechos están marcando las rutas críticas que empiezan a seguir los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional en su afán de llegar a la Presidencia de la República, ello y a pesar de la debilidad que entrañan sus candidatos José Antonio Meade y Ricardo Anaya, respectivamente.

Y lo digo porque sus estrategias desesperadas son en primer lugar una aceptación tácita de que el partido Movimiento de Regeneración Nacional va a la cabeza, esto al menos en las preferencias electorales que se contabilizan a través de las encuestas, y por el otro lado está el uso faccioso de las instituciones, una burda maniobra del PRI para sacar de la contienda a Anaya y tratar con ello de posicionar con todo el dinero posible –por supuesto que del erario– a Meade Kuribreña, aunado a su ridícula campaña mediática en la que se supone ese partido ha salvado a los mexicanos de la pobreza y ha dado instituciones sólidas, entre las que menciona los servicios de salud.

Nos debe quedar claro que los priistas de cúpula, esos que visten y calzan con prendas que superan cada una y por mucho el salario mínimo no se atienden en el IMSS, ni el ISSSTE, ni tienen Seguro Popular como para darse cuenta de que no hay medicinas y que las consultas e intervenciones quirúrgicas llegan tan tarde que no pocas veces el enfermo ya murió.

Por el otro lado Acción Nacional se aferra a lo que le queda, y que no es otra cosa que el miedo de sectores en el poder fáctico que apuestan por el candidato menos débil frente a López Obrador, esto en una lógica de fortalecerlo para frenar a quien consideran desde hace años “es un peligro para México”, cuando en realidad el peligro han sido los negocios en que se enjuagan bajo el amparo de la corrupción.

Así es como se explica que, de la nada, Ricardo Anaya empiece a crecer en las encuestas sin mover un solo dedo para generarse una imagen de estadista que evidentemente no tiene; porque los spots y las giras realmente no le alcanzan, y mucho menos enfrentando la campaña negra que le ha orquestado el PRI donde es tildado de corrupto y lavador de dinero.

Y es que ambos institutos políticos luchan ante el descrédito de sus propias historias, por lo que sus candidatos no sólo deben superar sus propias flaquezas, sino también “limpiarse” la carga que entraña ser priista o panista en una época de hartazgo social como la que vivimos en la actualidad.

José Antonio Meade y Ricardo Anaya son abanderados de una clase política corrupta que, desde la Presidencia de la República, se ha servido a sí misma y a los intereses que representa, sobre todo a costa de la gente empobrecida y violentada a lo largo y ancho del país.

Ejemplo de ello son los cuestionamientos sobre la riqueza acumulada por Felipe Calderón Hinojosa y quien fue presidente de México gracias al PAN. ¿De dónde saca su familia millones de pesos para financiar la precampaña de Margarita Zavala? ¿Acaso su pensión de ex presidente pagada con el erario es que le alcanza?

Datos del propio Instituto Nacional Electoral demuestran que 8 de cada 10 pesos destinados a la patética precampaña de Margarita Zavala provenían del bolsillo del desprestigiado Calderón, y ella gastó más de 10 millones de pesos para comprar su registro como candidata independiente.

Por eso Ricardo Anaya no sólo carga con el desprestigio por el escandaloso saqueo a las finanzas públicas ocurrido en los gobiernos de Felipe Calderón y de Vicente Fox -¿o acaso ya se olvidaron los negocios de sus hijos e hijastros al amparo del poder?- sino también con el peso de la historia respecto de la actual crisis en la que está sumido el país.

Por otra parte, Felipe Calderón y Enrique Peña –el PAN y PRI en la Presidencia– son los principales responsables de la actual tragedia que enfrentan decenas, cientos, miles de familias desmembradas por las ejecuciones, desapariciones forzadas, secuestros, drogadicción, desplazamientos, tortura y un largo etcétera de crímenes donde el gobierno ha tenido metidas las manos hasta el fondo.

Desde la Presidencia el PRI y el PAN han sido cómplices de sus propias fechorías, pues los peces gordos de la corrupción que Vicente Fox prometió encarcelar quedaron en eso, en meras promesas, pues lejos de hacer justicia el hombre con botas generó sus propios peces gordos, y Enciclomedia y Pemex son ejemplos del saqueo en su gobierno, pero no son los únicos. Eso lo encubrió Felipe Calderón y a este y a sus amigos los protegió Enrique Peña Nieto.

Habrá quien trate de negar la triste realidad que padecemos, e incluso algunos hasta han comenzado a etiquetar a quien esto escribe como ente o simpatizante de MORENA. Pues bien, diga misa si así les parece, pero esto es mi modo de pensar y difícilmente cambiaré de parecer, y por lo pronto mejor seguiré BALCONEANDO. . .