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Por Alejandro Barañano

Es cierto que las promesas huecas hacen irse con la finta a uno, y que nadie tiene una bola de cristal para ver en el futuro, pero también es verdad que poca atención se les está poniendo a lo que los políticos dicen, a lo que no dicen y tampoco a sus propuestas y sus llamadas plataformas.

Aunado a ello, se manifiestan los políticos priorizando la alharaca del tamborazo, la fotografía photoshopeada y la atención sobre su persona en vez de dar a conocer su proyecto como Dios manda.

Por ejemplo, un folleto de propaganda de José Antonio Meade que cayó en mis manos me hizo saber de su gusto por las quesadillas de hongo, el ritmo del pop y el juego del dominó, pero nada me informó de sus propuestas.

Así, los debates sobre cuál será el mejor candidato se impregnan con argumentos huecos como en dónde estudió cada uno, qué profesión tiene, si tiene buena ortografía o no, o hasta su forma de vestir.

Pero aunque se dude hay diferencias entre unos y otros, y los primeros días de campaña han dado muestras de ello. Por ejemplo, José Antonio Meade hace lo posible por desmarcarse de los colores y personajes icónicos del PRI, aunque no hace más que defender las políticas empleadas por ese partido en los últimos treinta años. Su logotipo de “tres doritos después” tan poco “institucional”, y su evento en Mérida, Yucatán, con la notable ausencia de muchas figuras importantes del partido que lo postula –pues no estaba tan siquiera Ivonne Ortega Pacheco, ex gobernadora de esa entidad- dan cuenta del deseo de alejarse del priismo, y el partido tricolor responde alejándose de su candidato.

Otro caso es el de Ricardo Anaya que inició campaña con un acto inusual, pues en vez de un mitin como usualmente se acostumbra, realizó un “hackatón” en el que reunió a mil 200 jóvenes de todo el país, y que en doce horas buscaron soluciones creativas a la corrupción, desigualdad e inseguridad.

El mensaje de Ricardo Anaya podría interpretarse como una apuesta por la innovación, la juventud y la tecnología, pero también envía un mensaje de improvisación y ocurrencia. ¿Qué plataforma decente puede resultar de una “noche mexicana” de más de mil jóvenes sin conocimientos técnicos, políticos, y quizá históricos de México? Conste que solo es una pregunta.

Por su parte Andrés Manuel López Obrador optó por empezar su campaña proselitista en la frontera, en un territorio que se convirtió ya en terreno de batalla entre Estados Unidos y México, y en tema de unidad entre todos los candidatos presidenciales.

La aspirante independiente Margarita Zavala de Calderón, decidió no despreciar ni un solo minuto de campaña e inició a la media noche frente a decenas de simpatizantes en un acto muy modesto.

Pero hay un detalle por demás importante, pues en los discursos de los candidatos en cada uno de sus actos, según el análisis que hace Adrián Santuario en su blog -disponible en https://medium.com/@AdrianSantuario/arranque-de-campa%C3%B1as-eb6bacf31437- pueden deducirse algunas de sus prioridades.

Por ejemplo, para el panista Ricardo Anaya habló sobre todo de los jóvenes, los mencionó en diez ocasiones. La inseguridad, violencia y la familia empatan con dos menciones cada uno, y finalmente mencionó una vez la desigualdad, la corrupción, la pobreza y la impunidad. Pero nada dijo de la ciencia, de la cultura, del género femenino, de la economía o de la educación.

Por su parte Andrés Manuel López Obrador tocó más temas. Desarrollo y corrupción encabezan la lista de sus prioridades, la primera con trece menciones y la segunda con once.

El discurso de José Antonio Meade tuvo como principal tema la familia con once menciones, ocho con el género femenino y la educación seis veces. Pero no habló para nada de economía, desarrollo, frontera, narcotráfico, etcétera, etcétera, etcétera.

Doña Margarita Zavala de Calderón se centró por igual en jóvenes, corrupción y mujeres, con dos menciones cada una. De ahí no ha pasado la ex primera dama del país.

En cuanto a cultura sólo hablaron López Obrador seis veces y Meade Kuribreña una vez; la inseguridad no valió tan siquiera una mención de Margarita y apenas dos para el candidato priista.

Varios temas han sido casi invisibles para el priista, panista e independiente; pues sólo Andrés Manuel López Obrador mencionó los impuestos, la gasolina, el muro, el desarrollo, el comercio, la frontera, las exportaciones y el narcotráfico.

La familia, inseguridad y la violencia fueron temas de mención para todos, salvo para Margarita Zavala, que se le fue de noche el asunto.

Cierto es que son sólo meras palabras, y que nada ni nadie puede garantizar que se ocuparán de eso, pero escucharlas y analizarlas dan más información que el color de las camisetas que traen puestas, los gustos de los candidatos, sus acentos o cuántos idiomas hablan.

Pero no olvidemos que esta también otra manera de entender que existen diferencias entre ellos, porque fuera de los colores, los spots, las fotografías con poses fantoches y muchos títulos nobiliarios, definitivamente que “por sus propuestas los conoceréis”, y por lo pronto quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .