Foto Balconeando del 6 de abril

Por Alejandro Barañano

Las reformas electorales para evitar las llamadas campañas negras o guerra sucia serán sometidas a su prueba de fuego en la elección próxima del mes de julio,  sobre todo cuando los partidos políticos buscan darle la vuelta, negados a dejar sus usos y costumbres de agredir y difamar a sus contrincantes.

Tal pareciera que los aspirantes a un cargo de elección popular necesitan de una conciencia “blindada” cuando se trata de iniciar campañas de desprestigio en contra de sus opositores, y esto implica husmear en sus vidas privadas, inventar defectos, calumniar, evidenciar negocios de familias; pero también deben estar preparados para que del otro lado les hagan lo mismo. Así el nombre del juego es guerra sucia o campaña negra, y esto conlleva a saber evadir las leyes para realizarlas como si fueran claves del manual político.

Pero ojo, porque en el artículo 233 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales establece que en la propaganda política o electoral que realicen los partidos, las coaliciones y los candidatos deberán abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos, o que calumnien a las personas. Asimismo da facultades al Instituto Federal Electoral para retirar cualquier mensaje que incumpla con este requerimiento.

Sin embargo, las nuevas regulaciones que restringen a los pretensos para emitir un mensaje difamatorio en contra un enemigo, fomentan que las denominadas campañas negras se realicen por debajo del agua o de forma indirecta.

Así, pese a que las campañas negras o guerra sucia entre políticos son evidentes, siguen siendo un fantasma en los gabinetes estratégicos de todos los aspirantes a un cargo de representación, ya sea federal o local, y se siguen tejiendo mitos alrededor de éstas.

Por desgracia no existe una fórmula detallada para hacer guerras sucias o campañas negras en contra de tal o cual candidato, lo único escrito es que se deben hacer fuera de los protocolos de campaña, y por lo regular se fomentan grupos de choque que funcionan de manera colateral o de manera externa a la campaña general.

Tan es cierto lo anterior, que existe el mito de que basta con promover comerciales, pancartas o mensajes para incitar el odio o el desprecio contra un partido o candidato. Sin embargo, la verdadera efectividad de esto depende a qué sector de la población se quiere llegar con estas acusaciones, es decir un golpe tiene que ser medido y estratégico, por lo que la efectividad dependerá del nivel de información que se tenga del contrincante.

Las campañas políticas para los que saben del meollo son en un 90 por ciento emotividad, y por ello las emociones son la matriz por la que se mueve la vida social y en gran medida, rigen nuestro comportamiento, y ésa es la razón para que las campañas negras o guerra sucia generan tanto impacto en la sociedad y son tan importantes hoy en día para algunos políticos.

Hay que entender que en los procesos electorales se venden cien por ciento percepciones, no realidades, eso es una gran verdad dentro de lo que se hace, por ello los peligros de las campañas negras o la guerra sucia, pues muchas veces no estamos listos para discernir entre un mensaje congruente y otro manipulado que se utiliza para dañar a un adversario.

El electorado no tiene memoria, tan es así que podemos ver casos tan aberrantes de políticos que han incurrido en delitos electorales o en delitos administrativos dentro de la función pública, y vuelven a ser elegidos.

Por eso uno de los elementos fundamentales que hay que considerar es que en las campañas sucias lo principal es crear un enemigo, para lo cual el político necesita una construcción discursiva del enemigo a vencer, basado en valores ideológicos y culturales que puedan mover emociones fuertemente arraigadas en el llamado imaginario social o el subconsciente colectivo.

Pese a estas muestras de campañas en contra de candidatos de uno o de otro partido, la contienda apenas comienza y está por verse las nuevas disposiciones que tomarán los asesores para evitar una nueva brecha de polarización con disputas en el ring de la desacreditación y la injuria; y como esto no se le ve revés ni derecho, mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .