
Por Alejandro Barañano
Lo dicho, -y le pese a quien le pese- el futuro del Partido Revolucionario Institucional en Baja California Sur parece estar cubierto por la misma cobija con la que se viene arrastrando desde que fue desarticulado en el año de 1999 por aquel fenómeno mediático llamado Leonel Cota Montaño.
Pero lejos de esa caída estrepitosa, hoy en día la división, traiciones y la soberbia exacerbada de los que mantienen el control del timón, han hecho que el PRI en la media península simplemente este siendo manejado por una casta de políticos putrefactos que se han dedicado a vivir del despojo de lo que quedó de ese partido.
Así, desde aquel 1999, y en todos los procesos electorales consecuentes, se han repartido entre los mismos los espacios, y algo por demás curioso les sucede, pues si surgen nuevas figuras o liderazgos al interior del partido tricolor esos mismos grupos de podredumbre se encargan de destruirlos, olvidándose totalmente de la militancia que quiere participar y cosechar laureles en bien del Revolucionario Institucional.
Ahora los impíos del PRI, y que no son otros que padre e hijo, y me refiero a la figura de Isaías González Cuevas, el casi octogenario líder de la CROC que sin disimulo alguno está dejando al garete a Juan Alberto Valdivia Alvarado y a su improvisada fórmula al senado, ya que el longevo y supuesto dirigente nacional de la CROC no tiene pensado meterle recursos económicos en favor de alguien que no ve con buenos ojos, ya que no se trata de un subordinado servil de los muchos con los que acostumbra estar rodeado.
¿Y porque se señaló renglones arriba al hijo? Bueno, porque su vástago Isaías González Nava, un incipiente Junior que no conoce de la política ni la o por lo redondo, se ha convertido en un mero cómplice del pedernal y perverso de su padre, y sino simplemente hay que recordar como el cabecilla de la CROC no tuvo empacho en desasear las formas ni en disimular los fondos para retirar a su “pequeño” retoño de la contienda hace un par de meses, esto cuando se daba por hecho que la candidatura a la Presidencia Municipal de La Paz le correspondería a su estolón.
Por eso decimos que salieron tan rastreros uno como el otro, ya que tampoco el heredero del hombre de 78 años ha querido invertir los pesos y centavos que obtienen de los requiebros que ellos denominan cuotas sindicales, y ante ello José Hevia Aguiar fue llamado para relevar al Junior, sin importar que antes hubiese buscado afanosamente una candidatura por la coalición MORENA-Partido del Trabajo.
Ahora, uno y otro, ya empezaron con su juego de simulaciones, ya comenzaron con sus reuniones y desayunos, ya están imprimiendo las fotos de la falsa unidad, ya presumen sus aparentes adhesiones a su favor, con todo bajo el ritual ritual de besamanos que tan bien ensayado tienen los del PRI.
Ojala que José Hevia Aguiar esté muy consciente de que no va a recibir ningún tipo de apoyo por parte de los dueños de la franquicia del tricolor en Baja California Sur, ya que si no le echan la mano a los de casa mucho menos lo harán con quienes son golondrinas de un verano, por lo que se verá en la penosa necesidad de tener que pasar la charola entre los grupos que han respaldando sus anteriores aventuras electorales, o bien con uno u otro empresario que se le ha sumado a la causa debido a las diferencias y malestares que sostienen con el alcalde panista en turno.
Isaías González Cuevas representa al mismo viejo PRI, ese que no es autocrítico, y si lo es se torna un poco endeble, ese que vive de viejas revanchas y venganzas, donde el influyentismo se impone sobre la capacidad y competencia con personajes corruptos y corruptores, ese PRI del cual muchos ya están hartos.
Pero si Isaías González Nava sigue insistiendo que es un nuevo PRI, entonces solamente podemos llegar a la conclusión de que el nuevo PRI es peor que el viejo.
Quizá algún día los priistas de verdad levanten la mano dispuestos a liderar los principios de lo que llaman su partido y luchar por los ideales, pero hoy solamente podemos imaginar el PRI que pudo ser, no es, y quizá jamás será; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .