
Por Alejandro Barañano
“Veo a un México con hambre y con sed de justicia”
Luis Donaldo Colosio Murrieta
Definitivamente hay mensajes que quedan grabados en la mente de muchos de nosotros; hay algunos homilías que son para la posteridad, que no se olvidan y que se mantienen vigentes a pesar del paso del tiempo; como también quedan en el recuerdo los actos innecesarios e injustos como lo es privar de la vida a alguien por el mero hecho de haber plasmado en sus palabras su sentir.
Y me refiero a la disertación de Luis Donaldo Colosio Murrieta siendo candidato del PRI a la Presidencia de la República, esto frente al Monumento de la Revolución aquel 6 de marzo de 1994, lo que hizo realmente que “arrancara” su campaña. Un mensaje claro y certero que conmovió a las masas pero indignó a políticos del más alto nivel.
Esa oratoria de Colosio fue clara, pues habló de un México agraviado, de un país en crisis tanto en lo político como en lo social. La pregunta obligada es: ¿Hemos cambiado o avanzado en algo?
“Yo veo un México de campesinos que aún no tienen las respuestas que merecen. He visto un campo con capacidad de reaccionar, de rendir frutos si se establecen y se arraigan los incentivos adecuados”, nos dijo en vida Colosio. ¿Pero qué ha sucedido con el campo? Nada, solo que hay más ranchos con grandes extensiones de terreno en poder de políticos no conformes con tener uno, por lo que incrementan su patrimonio con varios. ¿De dónde obtuvieron las propiedades? Pregunta obligada: ¿Acaso se puede con un sueldo de gobernador?
“Yo veo un México de trabajadores que no encuentran los empleos ni los salarios que demandan”. Pero tal parece que ni antes ni ahora el salario ha sido suficiente para los ciudadanos; más de dos décadas han transcurrido de aquel mensaje emitido y la decepción sigue igual o mayor.
“Yo veo un México de mujeres que aún no cuentan con las oportunidades que les pertenecen; mujeres con una gran capacidad para enriquecer nuestra vida económica, política y social. Mujeres en suma que reclaman una participación más plena, más justa”, enmarcaba Colosio en su mensaje de 1994. Lamentablemente: ¿Qué tenemos hoy en día?
“Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan”. ¿Y luego? Han transcurrido más de 24 años y la preocupación del ciudadano ha ido en aumento. Las bandas delincuenciales se incrementaron y sometieron a la población porque la autoridad brilló por su ausencia. Las complicidades de gobernantes, autoridades y capos han convertido en rehenes a los ciudadanos. ¿Entonces en quién confiar? ¿Ante quién acudir?
“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia”. Pero este país no lo hemos sabido cuidar ya que se le depositó la confianza a los menos indicados, a individuos que prometieron pero que nunca cumplieron; personajes de diferentes partidos, ideologías y colores que en campaña se asombran de la pobreza existente y que luego pretenden combatirla con tarjetitas.
Habrá quien diga que eso no es cierto, bien, pues ahí está Oaxaca después del sismo, donde hombres y mujeres perdieron todo su patrimonio y a quienes el inmaculado Gobierno Federal les dio una simple papeleta sin fondos a unos y a otras con la miserable suma de quince mil pesos para reconstruir su hogar. ¿Se puede considerar justo? ¡Por supuesto que no!
Luis Donaldo Colosio Murrieta enfatizó en su discurso que: “¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, la corrupción y la impunidad!” Tres lacras que han lacerado a México y que son mencionadas en todos los discursos políticos pero imposible de erradicarlas estando ya en el poder.
“Es la hora de convertir la estabilidad económica en mejores ingresos para el obrero, en mejores ingresos para el campesino, para el ganadero o para el comerciante, para el empleado o para el oficinista, para el artesano o el profesionista, para el intelectual y para las maestras y los maestros de México”. Muy buenos propósitos, pero distinta la realidad. Al menos para la mayoría.
Luis Donaldo Colosio Murrieta fue asesinado arteramente el 23 de marzo de 1994 en Tijuana, en una explanada de la colonia Lomas Taurinas. No se puede asegurar si hubiera sido el gran Mandatario que México ha requerido, lo que sí creo es que al menos lo hubiera intentado.
Por eso cada vez que la realidad de la crisis social aplasta a los priistas se sacan de la manga la figura de Luis Donaldo Colosio como lo harán hoy, pero cada vez que lo hacen se enfrentan a una sociedad que está harta de las tantas y tantas trampas tricolores.
El mejor homenaje que el PRI podría hacerle a Luis Donaldo Colosio Murrieta es reabrir la investigación de su asesinato, pues la indagatoria de 1994, en medio de investigaciones acotadas por Salinas de Gortari desde Los Pinos dejó muchos hilos sueltos, muchos interrogatorios pendientes y muchos cabos para llegar a la conclusión establecida a priori de un asesino solitario; y como esto parece que va para muchos años más, mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .