Por Ariel Vilchis Avilés

  • Del discurso de Ochoa Reza
  • La dirigencia tricolor
  • Segunda fuerza

Han pasado dos meses desde que Enrique Ochoa Reza, Dirigente Nacional del Partido Revolucionario Institucional, diera al priismo sudcaliforniano el mensaje que de seguir como hasta entonces, en la pluralidad y diversidad de grupos por encima de la unidad, el PRI de la media península continuaría cosechando derrotas.

Aquel discurso de Ochoa Reza en el marco de la toma de protesta del nuevo delegado del CEN en BCS, el Senador Aaron Irizar, fue un llamado de atención a quienes encabezan los grupos políticos al interior del PRI de cara a la renovación de sus dirigencias municipales y  su comité  estatal.

Sin embargo, más allá de los discursos y posturas políticas, el verdadero trabajo de quienes militan es ese instituto político y que aspiran a dirigir su Comité Directivo Estatal debe ser el de encontrar la fórmula para reposicionar al PRI con la ciudadanía, tomando suyas las demandas sociales y abrir espacios de participación real a sectores de peso político como lo son los  jóvenes y las mujeres.

Por lo tanto, la pregunta obligada para los aspirantes al CDE del PRI es ¿Cuál es el plan? ¿Cuál es la ruta que sacara al PRI sudcaliforniano de su letargo? Cierto es que sus poco más de 80 mil votos los mantienen en  la segunda fuerza política del estado. Pero sin peso específico. No se traducen en una estructura territorial fuerte, o en  una bancada  en el congreso del estado con la cual dar batalla a la aplanadora del PAN, que sin esfuerzo aprueba lo que el Ejecutivo envía al congreso; ya sin mencionar que no gobiernan ningún municipio y es ahí donde esta el reto.

Reto que tendrá  el Senador Ricardo Barroso Agramont,  el Diputado Joel Vargas Aguiar,  Fernanda Villarreal González o el Regidor cabeño Jesús Flores Romero, quienes aspiran a la presidencia del Comité Estatal de su partido. Y no dudo que habrá quien diga que sabe cómo, que tiene la fórmula para lograrlo, pero este mes se cumplieron 18 años de que el PRI perdiera el poder,  dando paso a la alternancia política en el estado y es hora que no se dan cuenta que, sin unidad, sin abanderar las causas sociales, sin generar confianza en la ciudadanía, el PRI poco o nada ganara en el proceso electoral del 2018.

De continuar como hasta ahora, el PRI seguirá en la segunda fuerza política del estado. Una posición muy cómoda para aquellos cuadros priístas que “perdiendo, ganan”.

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